Hoy se cumplen 62 años de la Expedición de Luperón, abortada cruzada libertadora integrada por 15 combatientes, al mando de Horacio Julio Ornes, que desembarcaron por la bahía de Luperón en el hidroavión Catalina, con el propósito de iniciar una revuelta armada para derrocar a la tiranía de Trujillo.
En principio, la expedición, apoyada por el presidente de Guatemala, Juan José Arévalo, y el discreto respaldo de sus colegas José Figueres, de Costa Rica, y Carlos Prío Socarrás, de Cuba, constaba de 90 hombres y tres aviones, bajo la dirección del legendario Juancito Rodríguez.
Una de esas naves tuvo que acuatizar en la bahía de Yucatán en medio de una tormenta y la otra en el aeródromo de Cuzumel, también en México, donde sus ocupantes fueron apresados, por lo que sólo se completó el viaje desde el lago guatemalteco Izabal, la que acuatizó en la playa de Luperón.
A pesar de que el general Rodríguez, quien financió la empresa militar, pudo recuperar las armas de la abortada expedición de Cayo Confites y de contar con el aliento de presidentes democráticos de Centroamérica y parte del Caribe, otros factores incidieron para que ese nuevo esfuerzo por decapitar la tiranía no lograra su objetivo.
El mal tiempo, el giro anticomunista en la política exterior estadounidense, la infiltración del aparato de inteligencia de Trujillo entre organizadores de la expedición y la deserción de pilotos contratados obraron contra esa jornada patriótica.
Aún así, la expedición de Luperón queda impregnada en los anales de la historia dominicana y de la región como uno de los episodios que recoge mayor sacrificio, abnegación, valentía y determinación de sus protagonistas, cinco de los cuales pudieron sobrevivir en batalla desigual contra las fuerzas del régimen.
Para que se tenga una idea del fervor patriótico de esos expedicionarios, se menciona el caso del doctor Miguel Feliú, sobreviviente de esa gesta, quien diez años después fue parte de la expedición de Constanza, Maimón y Estero Hondo, hecho prisionero, torturado y ejecutado.
Las generaciones presentes y futuras están compelidas a expresar perenne gratitud a esa pléyade de patriotas que ofrendaron vida, familia y bienes por la libertad del pueblo dominicano. ¡Gloria eterna a los héroes de Luperón!

