El país luce como si todo el mundo está harto del Gobierno y de sus ya largos años discapacitado. Pero, si es por el empeño de servirle a la población un progresivo bienestar social podríamos darle la definición fundamental de paralítico. La buena época que se auguraba con el “cambio” no ha resultado, ahora se piensa que andamos peor.
Y no estamos mucho peor porque el área oficial que maneja lo macroeconómico para sostener la fiscalidad no se ha debilitado, pero esto mismo evidencia que no ha habido un comportamiento homogéneo. Ha faltado el criterio unificador en las políticas públicas.
Lo perfectamente razonable es que la gente se sienta disgustada con un funcionariado que no ha cuidado las formas para tratar de acallar o suavizar las críticas, principalmente a aquellas extrañas asociaciones y donaciones del narco y de las corruptelas en el Estado que potenciaron sus candidaturas, y que hoy se airean debilitando la confianza.
El Gobierno se ha convertido en una mina a cielo abierto, pues reina un descontrol absoluto en su administración como se aprecia en el sector agropecuario totalmente saqueado. ¡Otro más!. Asimismo, el demencial gasto sustentado en el endeudamiento externo.
Pero lo preocupante es que los dominicanos entran en su sexto año consecutivo con la paradoja profunda y, para la oposición política, desconcertante: una macroeconomía estable y ordenada que sigue conviviendo con un deterioro del nivel de vida de la mayoría de la población. Dos realidades que caminan en paralelo.
El B. C. batallando con el incremento de la incertidumbre global, así como las presiones inflacionarias, sin embargo, el déficit fiscal y la deuda pública creciendo para mantener el derroche del Gobierno y no beneficiar al pueblo que acelera su desgaste social vistas las deficiencias de los servicios públicos.
Además, la alta informalidad donde no se sabe en sí qué es empleo, desempleo, y subempleo. La verdad que el Gobierno deberá dar un giro copernicano y priorizar acciones que le liberen de terminar avergonzado y decepcionado ante un pueblo enfadado.

