Opinión

Groenlandia

Groenlandia

Si hay algo que los psicópatas no toleran es que alguien les lleve la contraria, sobre todo los psicópatas en el poder. En Puerto Rico una diminuta rubia muchacha, que es hoy alcaldesa de San Juan, enfrentó a Trump durante su visita a la isla en medio de los destrozos del huracán María, y le dijo con valentía que sus actitudes solo promovían la división de la gente. Desde entonces, obseso como es, Trump no pierde ocasión para denigrarla como “incompetente”, como no pierde ocasión de denigrar a otra de sus obsesiones: Barak Obama.

En el paroxismo de su soberbia, el desafortunado presidente de USA ahora vuelve y ofende a Puerto Rico. No bastaron sus rollos de papel sanitario, lanzados durante su visita, sino que ahora le ha propuesto a Dinamarca el trueque de Puerto Rico por Groenlandia.

En esta propuesta, nada inocente, Trump da continuidad a los intentos norteamericanos de comprar a Groenlandia (ya Dinamarca le vendió a USA las Islas Vírgenes, por US25 millones de dólares), área geográfica de vital importancia porque posee el diez por cientos de las reservas mundiales de agua dulce (Groenlandia está cubierta de hielo) y además inmensas reservas de tierras raras esenciales para las baterías de los coches eléctricos y metales estratégicos fundamentales para la industria armamentista.

China es el país con mayor cantidad de tierras raras, y por ende posee un 71% de metales estratégicos, lo cual le otorga una hegemonía sobre los autos eléctricos que preocupa a USA y Europa. Por eso USA ha intentado comprar Groenlandia en 1867 y en 1946 y ahora propone intercambiarla por Puerto Rico, su “posesión”, con boricuas incluidos.

Solo hay dos problemas: Groenlandia tiene gente y su pueblo ha demostrado tener un gran sentido de independencia, como cuando se salió de la Unión Económica Europea por su política frente a la pesca, aunque Dinamarca permaneció como miembro.

Y, Puerto Rico tiene gente, y lo demostró hace tres semanas con manifestaciones masivas que lograron la renuncia de su gobernador, por corrupción e irrespeto a la nación. Nunca se había visto a un millón de boricuas marchando enfurecidos. Fue una revolución con música, danza, teatro, artes plásticas, donde los y las artistas dijeron: ¡Ya basta!

Demasiado para un psicópata social, quien no tardó en cosificar al pueblo puertorriqueño proponiendo intercambiarlo por Groenlandia, noticia que acaparó los titulares de los medios de Borinquén, aun los más conservadores.

Ahora solo falta que la diminuta Yulin, flaquita y rubia, se enfrente como David a ese Goliat y visite a Groenlandia y Dinamarca para mostrarles a esos países que ya en Borinquén no se combate con taparrabos, arcos y flechas, sino con una irreductible dignidad.

El Nacional

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