Sin superar aún lo que se ha definido como la mayor crisis mutante mundial, que afloró en 2008 como crack inmobiliario, luego en tormenta financiera, después en recesión universal para devenir en crisis fiscal y holocausto del empleo, el mundo se aboca ahora a una guerra de las monedas, que enfrenta a las grandes potencias y subyuga a las economías emergentes.
La Reserva Federal de Estados Unidos anunció la compra de bonos del Tesoro por 690 mil millones de dólares, cifra fabulosa de dinero inorgánico que se agrega a los más de 700 mil millones endosados al final de la administración de George W. Bush, y otra cantidad similar inyectada por el Gobierno de Barack Obama, sin que se haya podido conjurar la crisis financiera que abate al coloso del Norte.
Se afirma que más de dos mil millones de millones de dólares deambulan por los centros financieros mundiales, como respuesta de Wall Street a la persistencia de China en devaluar artificialmente su moneda, el yuan, para mantener ventajas competitivas en sus exportaciones.
Tal parece que Estados Unidos procura suministrarle a China, en cuyas relaciones comerciales tiene un déficit de 28 mil millones de dólares, dosis de su propia medicina, con la decisión de la Reserva Federal de devaluar el dólar mediante masivas emisiones inorgánicas, lo que permite además elevar la competitividad de sus exportaciones y reducir su deuda externa.
La maniobra monetaria estadounidense procura contrarrestar lo que se define como política mercantilista de China, basada en incrementar su reserva en dólares que ya alcanza los dos mil 600 millones de millones, y de restringir el valor del yuan. Al reducir el valor del dólar, mediante masivas emisiones, la Reserva Federal reduce también el coste nominal de los ahorros chinos.
Europa y Japón han activado el botón de alerta debido a que la guerra de las divisas entre Beijing y Estados Unidos ha causado una inesperada revaluación del euro y el yen y, por consiguiente, pérdida de competitividad en sus exportaciones. Tokio reaccionó con millonarias inversiones en el sector cambiario para impedir que su moneda incremente valor.
Brasil, Corea del Sur y demás economías emergentes llevan las de perder en el conflicto monetario que amenaza con arruinar aún más al mundo, pues conlleva elevación artificial de precios de alimentos y materias primas tales como arroz, trigo, maíz, soya y petróleo.
El Gobierno y la autoridad monetaria dominicanos deberían monitorear con mucha atención el curso de esta guerra de las monedas, cuyos efectos negativos comienzan a sentirse con el alza registrada en el barril de petróleo. Ya se ha formado un gran huracán monetario.

