Con renovada indignación la República recuerda hoy el 45 aniversario de la segunda intervención militar de Estados Unidos que a sangre y fuego impidió el retorno al proceso democrático interrumpido por el golpe de Estado de 1963.
Cuando el movimiento insurreccional que había derrocado al gobierno golpista del Triunvirato, el 24 de abril de 1965, estaba ya a las puertas de la victoria militar, el presidente Lyndon B. Johnson ordenó el 28 de abril el desembarco de 42 mil marines para evitar el retorno al poder del depuesto presidente Juan Bosch.
Fue entonces cuando dignidad y valor de civiles y militares constitucionalistas se multiplicaron por el infinito al transformar un conflicto doméstico en epopeya patria que colocó a República Dominicana en el mapa de la historia mundial.
En vez de exigir el cese de los bombardeos sobre la población civil y de promover el retorno a la democracia, el embajador William Tapley Bennett conminó a los constitucionalistas a rendirse sin condiciones, lo que confirma que el propósito de la grosera intervención militar fue siempre el de aplastar toda posibilidad de restablecer la voluntad popular.
Por su viril resistencia a esa invasión, República Dominicana figura hoy en el parnaso de la historia moderna junto a Vietnam, Polonia, Afganistán, como pueblos heroicos que ante ejércitos imperiales reeditaron en lo militar o en lo moral la leyenda de David y Goliat.
Con la dignidad y el valor entre sus mejores armamentos, el bando constitucionalista pudo afrontar y frenar la más brutal ofensiva militar emprendida por el ejército invasor contra Ciudad Nueva y la Zona Colonial.
Estados Unidos no pudo ocultar sus intenciones genocidas con el ropaje de la Fuerza Interamericana de Paz (FIP) ni con el argumento de que sus tropas vinieron a salvar vidas, pues su infantería causó centenares de muertos, incluidos mujeres y niños.
La nación se inclina hoy reverente ante los caídos en el combate contra el invasor, por la preservación de la soberanía y el retorno de la democracia.
¡Loor a los héroes y mártires!

