La designación del ex presidente estadounidense Bill Clinton como enviado especial de las Naciones Unidas en Haití exhibe nuevos frutos con reuniones de negocios como la patrocinada por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para este fin de semana.
Más de 100 inversionistas de Estados Unidos, Canadá, Argentina, Brasil, Colombia y República Dominicana han sido convocados por el BID a la reunión de dos días para abordar programas específicos de desarrollo en la vecina nación. Tiempo era de que con relación al drama haitiano se pasara de los enunciados y promesas a la realidad.
La reunión que patrocina el BID puede ser el punto de partida para mitigar las penurias, la desesperanza y, en definitiva, esa pobreza extrema que ha forzado a los haitianos a desafiar las adversidades y depender, para subsistir, de la caridad y la cooperación internacional. Clinton, aunque paradójicamente luzca ahora más preocupado por la suerte de los haitianos que cuando ocupó la Presidencia de Estados Unidos, puede, gracias a su prestigio y relaciones, aportar mucho en beneficio de la nación caribeña. Haití necesita de todo, pero el desempleo, la insalubridad y los problemas ambientales figuran entre sus principales urgencias.
Con todo y que el BID respalda con unos 700 millones de dólares proyectos de infraestructura para impulsar el desarrollo de carreteras, puertos, electricidad y otros, los organismos financieros internacionales no han sido todo lo consecuentes que demanda el calamitoso drama haitiano.
De alguna forma República Dominicana ha sido la tabla de salvación de cientos de miles de haitianos que han tenido que emigrar a esta parte de la isla. Aquí no sólo se ganan la vida en diferentes quehaceres, sino que también han podido estudiar. Pero sin dejar de ser una pesada carga.
Como el presidente Barack Obama también se ha mostrado preocupado por la causa haitiana todo indica que las condiciones están dadas para que, con la intervención del BID, por fin comience a despejarse el panorama de la hermana República.
