Editorial

¿Hasta cuándo?

¿Hasta cuándo?

El asalto perpetrado ayer por tres individuos armados en el parque Mirador Sur contra un juez de la Suprema Corte de Justicia (SCJ) y dos de sus familiares, es apena la punta de un descomunal iceberg de delincuencia e inseguridad que amenaza con hundir el precario sosiego ciudadano.

Lo sucedido al magistrado Julio Aníbal Suárez Dubernay y a dos hermanos suyos, despojados de sus pertenencias por  delincuentes armados de pistolas, es suceso  cotidiano en  ese parque, donde mucha gente acude  a ejercitarse en grupos  para poder  desalentar agresiones de forajidos.

No se exagera si se afirma que la delincuencia y la criminalidad han tomado por asalto  al territorio nacional y virtualmente secuestrado a toda la población, que teme  ser víctima de  atraco, asalto, violaciones o cualquier tropelía en cualquier parte.

A modo de ejemplo del drama de la inseguridad ciudadana se menciona el caso del poblado de Boca Chica, donde residentes de cuatro  barrios padecen la condición de rehenes de  bandas de delincuentes que  han convertido esos  lugares en  escenarios de  enfrentamientos entre sí, con saldo de al menos un muerto.

 En barrios populares, sectores residenciales, comunidades rurales o en cualquier parte, la gente  teme salir  de sus hogares de día o de noche ante  la posibilidad de  sufrir algún tipo de agresión por parte de pistoleros o de perder la vida en el peor de los casos.

Nunca se podrá entender por qué la mayoría de los sicarios, atracadores, asaltantes, violadores, narcotraficantes y otros delincuentes poseen la calidad de reincidentes, muchos de ellos con decenas de fichas delictivas, sin que nunca lleguen a cumplir  largas condenas de cárcel o ni siquiera  lleguen a habitar un recinto penitenciario.

 Para colmo, todavía persiste la triste historia de  delincuentes que persiguen delincuentes, por lo que  con frecuencia, la ciudadanía nunca sabe  cuándo el  del uniforme de autoridad   cubre la anatomía de un peligroso antisocial.

Una sociedad  atormentada por la incontenible  espiral delincuencial, reclama  del Gobierno, voluntad política para perseguir  al crimen; de la Policía y  cuerpos militares, fumigarse a sí mismos y del Ministerio Público y Justicia, valor y responsabilidad para perseguir, procesar y condenar todo tipo de infracción criminal. Que no se hable más.

El Nacional

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