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Historia de un abuso

Historia de un abuso

Fernando A. De León

Recientemente, supe que hace poco más de un año falleció el amigo Arturito Coradín. Podría ser el nombre de cualquier dominicano; pero para mí es significativo. Es uno que me hace meditar sobre el atropello de que fue objeto la progenitora de mis días.

Correspondía a la persona que me reveló el nombre del protagonista de un abuso en las entrañas de mi familia cuando yo apenas tenía meses de edad. Viví por mucho tiempo con la inquietud de saber quién fue el estudiante, luego celebrado funcionario, político, y rector de la UASD, que había hecho apresar a mi madre.

Este suceso, aparte de mis convicciones políticas tal vez es uno que refuerza el por qué adverso a encumbrados funcionarios. De ahí mi tesis de que, aunque muchos consideran que no es como uno termina sino como comienza, hay atropellos y ofensas que son imperdonables.

Cuando Arturito Coradín me reveló el nombre del engreído estudiante de una región del país al que le habían sustraído vestimentas tendidas en un cordel, por Juana, mi madre, que, como otras tantas mujeres lavaba y planchaba por paga, y que aun sabiéndola inocente la acusó de robo; tuve deseos de decírselo a todo el mundo. Pero el funcionario abusador, había fallecido. Algunos de sus hijos viven, y son activos en el tinglado de nuestra política vernácula.

En ese entonces un estudiante pichón de Trujillo, aunque luego haya sido un aventajado político. Pero por lo menos con los datos elementales de este ignominioso e infausto acontecimiento, ahora puedo reivindicar la memoria de una mujer humilde que fue muy honesta.

Por: Fernando A. De León

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