El discurrir del tiempo y el arrojo personal convirtieron al humilde campesino de vida austera y mediana instrucción, Horacio Vásquez, en una de las principales figuras de la política de principios del siglo XX.
Nacido en la provincia Espaillat, el caudillo que en un principio fue colaborador del dictador Lil?ís, inició un proceso de radicalización, que lo llevó a conspirar junto a Casimiro de Moya, en contra del tirano del partido Azul. Su participación en el asesinato de Heureaux el 26 de julio de 1899 lo colocó en el «exclusivo círculo» del caudillismo dominicano, pasando a competir en liderazgo con los jefes militares Juan Isidro Jimenes, Eladio Victoria y Desiderio Arias.
Ya como presidente, con un programa que fue echado al zafacón y enarbolando la consigna «Orden y honradez», Horacio Vásquez extrajo las 4 millones y medio de papeletas devaluadas, que dejó circulando Lilís, e impuso el dólar como medio de pago oficial.
La apertura de libertades y la ampliación de la democracia durante sus mandatos incrementaron su base de apoyo político. En 1903 una cruenta revolución lo desalojó del poder —«Se va Horacio se va, se va el general Luis, ya tiene la batuta, Alejandrito Gil…»—. Luego de la salida de las tropas interventoras estadounidense, en 1924 Vásquez ganó las elecciones por cuatro años, aumentándoselo con «tigueraje» dos años más.
Al parecer el líder mocano nunca se imaginó —«Cría cuervos y verás cómo te sacan los ojos»—. El 23 de febrero de 1930 Rafael Trujillo aliado a otras fuerzas lo defenestró del poder.

