El criterio generalizado entre bancos de inversión, economistas y analistas políticos es que si la guerra en Irán terminara hoy mismo y se reabriera el estrecho de Ormuz, pasarían varios meses antes de que la economía mundial recobre el sosiego alterado por la irrupción en los precios del petróleo.
Esa es la razón por la cual, Gobierno, empresariado, clase política y sector sindical deberían prestar atención ante la advertencia del ministro de Hacienda de que los subsidios indefinidos a los combustibles son insostenibles, por lo que justifica la política de aumentos graduales en los precios de derivados del crudo.
Lo deseable sería que hoy mismo se anuncie el arribo de un acuerdo definitivo entre Estados Unidos e Irán que ponga fin a ese conflicto como ha vuelto a vaticinar el presidente Donald Trump sin ofrecer ninguna evidencia de que Washington y Teherán acercan voluntades de paz.
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El ministro Magín Díaz ha dicho que el Gobierno absorbe gran parte del aumento del petróleo, lo que implica un alto costo para las finanzas públicas, sin que se tenga certeza de que el programa de austeridad anunciado por las autoridades se acerque siquiera al litoral de lo deseable.
Al presidente Trump se le agota el tiempo en términos político y económico para finalizar una guerra que desató en procura de evitar que la república islámica se agenciara poder nuclear, pero ahora brega para que los barcos petroleros logren cruzar el estrecho de Ormuz y reducir la inflación estadounidense que ronda el 3.5 por ciento.
Aunque las elecciones de medio término en Estados Unidos están programadas para noviembre, la prolongación del conflicto en el Golfo Pérsico pone en peligro el precario control que tiene el Partido Republicano en el Congreso, a causa del agravamiento de la crisis económica.
Como ha dicho el ministro de Hacienda, República Dominicana enfrenta un choque externo de gran magnitud, con impacto directo sobre la inflación, al punto que sin subsidios a los combustibles, los precios subirían abruptamente, pero si se incrementan los subsidios, entonces se dispara el déficit fiscal.
Sin importar si la guerra concluye hoy, mañana o en meses, Gobierno, sector productivo y liderazgo político están compelidos a aunar esfuerzos para literalmente encontrar la quinta pata del gato y evitar así un crack económico y financiero que se lleve por delante a la gobernanza y provoque un indeseable escenario de anarquía social.

