El precio del barril de petróleo de Texas, de referencia para República Dominicana, se situó ayer a US$106.80 el barril, un incremento cercano al 100 %, si se toma en cuenta que en el Presupuesto Nacional de 2026 se estimó en US$57, y se consignó un monto de subsidio a los combustibles de RD$10,000 millones, ya agotado.
La guerra iniciada por Estados Unidos e Israel contra irán ha sido la causa de una crisis energética a nivel global que se mantiene dos meses después con el cierre del estrecho de Ormuz por donde cruza el 20 % del crudo que se consume en el mundo, conflicto que no tiene a la vista fecha de término.
Ante ese cuadro de incertidumbre que matiza el incremento y volatilidad en el precio del petróleo, el Gobierno parece jugar a la ruleta rusa al mantener sin poder un subsidio generalizado a la comercialización interna de los combustibles, con lo cual asume una deuda creciente que este año podría sobrepasar los RD$50,000 millones.
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Las autoridades admiten que agotaron unos 12 mil millones de pesos en cubrir las primeras semanas de la crisis petrolera, sin posibilidad de reorganizar el presupuesto público para financiar más subsidios semanales, a menos que se lesionen partidas vitales dirigidas a la inversión de capital o se dispare aún más el déficit fiscal.
Se resalta que si se aumenta en 15 pesos los precios de los todos los derivados del petróleo, el Gobierno apenas ahorraría entre diez a 12,00 mil millones de pesos al año, pero si continua el ritmo de subsidio generalizado, acumularía en lo que resta de 2026, una suma que superaría los 40 mil millones de pesos.
Si ese subsidio promedia RD$1,500 millones semanal, el Gobierno amontonaría en lo que resta de año un déficit en términos absolutos de unos RD$42,000 millones, por lo que debería advertirse que nadie está obligado a lo imposible y que ese camino conduce al despeñadero, aunque se admite que el otro sendero está lleno de espinas.
Tiene razón el Fondo Monetario Internacional (FMI) al advertir que los subsidios generalizados a los combustibles son insostenibles, lo que que agrava la crisis económica y fiscal, por lo que insta a los Gobierno a focalizar la ayuda solo en los hogares vulnerables y dejar operar el mercado, un señalamiento que se debería sospesar muy seriamente.
Empresariado, liderazgo político, sector sindical, sociedad civil y la población en general deberían aportar significativa cuota de comprensión y colaborar con el Gobierno en la búsqueda de alternativas que mitiguen el escalofriante impacto de un entorno externo matizado po la incertidumbre economica y financiera.

