Huxley y Orwell



Generalmente, cuando concebimos un mundo totalitario o en un estado policial moderno asumimos la visión de Orwell (1984), el Hermano Mayor, se está cumpliendo. Y es relativamente cierto, especialmente con la vigilancia digital. Pero en otros aspectos la visión de Huxley (Un Mundo Feliz), es más sutil. La que parece dominar en nuestra época. Más que la censura, impera la saturación y la desinformación: el insaciable apetito de distracción del hombre.

A Orwell le inquietaba la censura literaria del comité y su filtrado de internet y destrucción de los materiales informativos y Huxley, por el que no hubiese razón para censurar los libros, porque no habría nadie que leyera alguno (Instagram, Netflix).

Orwell se preocupaba de que la información fuera privada y Huxley que nos dieran tanta información que nos veríamos reducidos a la pasividad y el egotismo.

Orwell sospechaba que la verdad se nos ocultaba (todo va bien, no hay crisis, la delincuencia no se siente) y Huxley que la verdad fuera ahogada en un mar de irrelevancia (chismes, lotería, las Kardashians).

Orwell recelaba que nos convirtiéramos en una cultura cautiva y Huxley que nos convirtiéramos en una trivial, preocupada por los sensoramas, las orgías latrias y la pelota centrífuga (Master chef, nalgas venezolanas, el nuevo Iphone).

Tal y como Huxley remarcó en sus libros los libertarios civiles y los racionalistas que siempre están en alerta contra la tiranía han olvidado tener en cuenta el infinito apetito de distracción del hombre.
En 1984 a la gente se le controla infligiéndole dolor. “En un mundo feliz” a la gente se le controla infligiéndole placer.

En pocas palabras, Orwell temía que lo que odiamos terminaría por arruinarnos y Huxley temía que aquello que amamos terminaría por arruinarnos. Nuestra situación actual.

En lo que respecta a la propaganda, los primeros defensores del alfabetismo universal y de la prensa libre advirtieron sólo dos posibilidades: que la propaganda sea verdad o que sea falsa.

No previeron lo que en realidad ha sucedido: el desarrollo de una vasta industria de comunicación masiva, que no lidia ni con lo falso ni con lo verdadero, sino con lo irreal, lo que es casi siempre totalmente irrelevante. En una palabra, fallaron en tomar en cuenta el apetito casi infinito del hombre por las distracciones.