Uno de los aspectos más destacados es la capacidad de la IA para analizar grandes volúmenes de datos de manera rápida y precisa.
WILLIAM J. ASTWOOD
williamastwood@gmail.com
Los problemas de salud mental se acrecientan cada día más en las poblaciones, sin importar su condición de pobreza, pues aparecen en los países desarrollados, subdesarrollados y pobres, y aunque nos diferencia el factor económico y el progreso, estos problemas son iguales en todas partes. Vemos ansiedad, depresión ataques de pánicos y estrés postraumático.
Lo mismo sucede con la tecnología, llega por igual y con gran facilidad a todas partes sin diferenciar la clase social o nivel de desarrollo y educativo.
Los psicólogos, desde 1956 han tratado de humanizar las computadoras creando programas que puedan almacenar información y a través de ella dar respuestas a la mayoría de los problemas mentales humanos. Se tenía pensado que, para estos años, ya la máquina pensaría y sentiría igual que un humano.
Y aunque es indudable que se han acercado mucho, aún falta bastante para poder entender la sensibilidad humana.
El conocimiento psicológico de emociones y sentimientos, ha permitido elaborar chatbots que pueden aliviar la ansiedad y el estrés en momentos críticos, actuando como una especie de " amigo virtual" siempre disponible.

Sin embargo, aunque estos programas pueden ser útiles como complemento, la verdadera sanación requiere algo que una máquina nunca podrá ofrecer: la empatía humana.
La relación entre terapeuta y paciente es fundamental para el proceso de sanación, ya que este necesita sentir que es escuchado y comprendido de manera genuina.
El sentirse comprendido y aceptado, encierra una serie de factores que sólo pueden ser manifestados por un humano. No importa que la maquina contenga los algoritmos apropiados para darle frente a una situación.
Ese calor que irradia la presencia física del terapeuta y esa descarga emocional que le acompaña en cada respuesta dada, no puede ser aprendido por una máquina por más sofisticada que esta sea.
La máquina no piensa ni tiene consciencia, carece de intensión y de intereses y, sobre todo, carece de comprensión.
Es común ver en todo el mundo, como las personas por temor a ser identificadas prefieren entregarles sus problemas a los programas psicológicos de inteligencia artificial. Y vemos como cada día, estos problemas se acrecientan cuando no son supervisados por un profesional del área.
La mayoría utilizan Woebot y Replika, así como otras aplicaciones que están haciendo olas en el ámbito de la salud mental como, Wysa y Youper, pero, aunque estos pueden alivianar las carga que el paciente lleva, no se constituyen en una cura sin la supervisión de un psicólogo.
El avance de la inteligencia artificial (IA) en el campo de la salud mental está atrayendo cada vez más la atención de la comunidad científica. En los últimos años, se han publicado numerosos estudios que destacan tanto
sus beneficios como los desafíos que plantea. Y es aquí el riesgo que se corre, pues al tener un libre acceso en las redes, los usuarios los utilizan sin ninguna restricción, y al no tener conocimientos psicológicos pueden darse falsas interpretaciones de los procedimientos sugeridos. Sin embargo, como cualquier herramienta poderosa, su uso requiere equilibrio y responsabilidad.

La IA puede ser un aliado increíble, pero nunca reemplazará la conexión humana y la empatía que son el corazón de cualquier proceso terapéutico. Y en lugar de preguntarnos si la IA es mejor o peor que las formas terapéuticas tradicionales, deberíamos enfocarnos en cómo pueden complementarse para ofrecer la mejor atención posible.
La inteligencia artificial en la salud mental está en constante evolución, y su papel en el futuro es prometedor. A medida que se desarrollen tecnologías más avanzadas, es posible que veamos una integración más fluida entre IA y las intervenciones psicológicas.
Los terapeutas podrían utilizar IA para mejorar su trabajo, monitorear mejor el progreso de sus pacientes y ofrecer una experiencia más enriquecedora.
Sin embargo, lo más importante es recordar que la IA no es una solución milagrosa, sino una herramienta que puede complementar la terapia tradicional. La empatía, la comprensión y la conexión humana siguen siendo insustituibles en el proceso de sanación.
El autor es doctor en psicoterapia cognitiva y en psicología social.
