Editorial

Ilegal e inmoral

Ilegal e inmoral

La sociedad no debería acostumbrarse ni creer normales los frecuentes casos de linchamientos, como el perpetrado ayer por una multitud contra dos individuos  que se dice intentaron robar   una camioneta en Villa Mella.

Bienvenido Reyes, de 35 años, y Víctor Tomás Cleto, de 20, fueron atacados a balazos y pedradas por vecinos de Punta, Villa Mella,  que impidieron que despojaran a un muchacho de la camioneta que conducía.

  En ningún modo  debe considerarse el linchamiento como respuesta  válida para  afrontar el auge de la delincuencia  aunque   esos hechos censurables sirven para medir el grado de indignación ciudadana ante   el  estado de inseguridad pública.

La ley penal faculta  al ciudadano a  detener o apresar a  cualquier persona sorprendida en la comisión de crimen o delito flagrante, reducirla a la obediencia y entregarla a las autoridades.

Ningún estatuto legal autoriza ejecuciones sumarias ni a improvisar paredones callejeros, como tampoco la población puede  ejercer justicia por propias manos.

Ninguna  expresión de hastío por la creciente criminalidad justifica que una multitud  asesine a balazos y pedradas a personas reputadas como antisociales, porque el castigo por  cualquier infracción criminal o delictuosa, que no incluye la pena de muerte, corresponde  a los tribunales de la República.

 Policía, Fiscalía y Justicia están en la obligación de ampliar y acentuar medidas preventivas y punitivas para frenar la expansión de la delincuencia, si de verdad se quiere que cesen las ejecuciones ciudadanas.

Llama la atención que  el linchamiento de los dos presuntos  delincuentes se produjo  a la hora de almuerzo, lo que hace presumir que muchos vecinos de esa comunidad abandonaron el fuero familiar para participar en una brutal matanza.

 Esos frecuentes sucesos se interpretan  como  síntomas de una  degradación del medio social donde la ciudadanía pierde confianza en los órganos  del Estado.

Es menester que   sociedad y  autoridad rechacen y condenen  el linchamiento   como forma de afrontar a la delincuencia, porque ese método ilegal e inmoral convierte a víctimas en  peores delincuentes que los victimarios.

El Nacional

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