Editorial

Inexcusable olvido

Inexcusable olvido

Un informe de la Comisión Permanente de Cultura de la Cámara de Diputados revela que hace 47 años fue aprobada una ley que declara el 12 de julio conmemorativo del fin de la primera ocupación militar de Estados Unidos a República Dominicana (1916-1924), pero nunca esa efeméride ha sido  recordada por  ninguna institución pública, académica, política o de la sociedad civil.

La ley 50, que data del 22 de julio de 1963, fue desempolvada por la comisión  que rindió un informe desfavorable al proyecto de ley del diputado Pelegrín Castillo  (FNP-DN) que propone declarar  Fiesta Nacional la fecha que marca el inicio de la desocupación yanqui.

A pesar de que  el ejército imperial mancilló la soberanía  nacional durante ocho años, bajo el argumento de que el Gobierno dominicano había violado la Convención de 1907, que obligaba a participar a Washington sobre cualquier iniciativa de endeudamiento, el fin de esa pesadilla no parece significar nada relevante para la Comisión Nacional de Efemérides Patrias, que jamás ha colocado ese día en el calendario de festejos o conmemoraciones.

Se sabe que  esa intervención militar  encontró resistencia  en muchos puntos del país, especialmente en Santiago y San Pedro de Macorís y que durante los años de ocupación fueron muchos los patriotas que improvisaron grupos guerrilleros en  montes y montañas para  enfrentar al invasor.

La juventud de hoy conoce muy poco de ese periodo gris de la historia dominicana durante el cual un poder extranjero con el empleo de la fuerza brutal asumió el control  del gobierno, del ejército, de las aduanas y de todo el aparato tributario, con el pretexto de cobrarse deudas asumidas por el país, cuyo pago total fue redimido 20 años después de la desocupación.

¿Cómo es posible que la Comisión de Efemérides Patrias haya olvidado o excluido una efeméride histórica de tanta trascendencia, cuya recordación o conmemoración es ordenada por una ley que data de 47 años?

El diputado Castillo ha  actuado con gran sentido patriótico al presentar un proyecto de ley que declararía el 12 de julio de Fiesta Nacional con carácter laborable, pero tal iniciativa ya había sido suplida por  el Congreso de 1963, al consignar esa fecha como conmemorativa de un acontecimiento de gran significación para la República.

Lo menos que se debe reclamar ante  el inexcusable y prolongado olvido de las autoridades es que  el 12 de julio venidero, cuando se cumplirán 86 años de la salida de las tropas estadounidenses del territorio nacional, se conmemore por todo lo alto tan trascendental aniversario. La indiferencia es una vergüenza.

 

El Nacional

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