Opinión

Israel e Irán

Israel e Irán

Jose Manuel Castillo

Desde la Antigüedad existen vínculos entre el mundo persa y el pueblo hebreo. En el siglo VI a.C., Ciro el Grande, fundador del Imperio aqueménida, conquistó Babilonia y permitió a los judíos exiliados regresar a su tierra, acto interpretado como reconocimiento y restauración nacional. Siglos después, tras la rebelión de Bar Kojba en el año 135 d.C., el Imperio romano, bajo el emperador Publio Elio Adriano, cambió el nombre de Judea por Palestina, denominación que perduró y moldeó la geografía política regional.

En la etapa contemporánea, en los inicios del Estado de Israel, David Ben Gurrión impulsó una estrategia para romper el aislamiento regional mediante alianzas con Estados no árabes, como Turquía e Irán. Esta visión, conocida como la “doctrina de la periferia”, partía del rechazo de varios países árabes a la legitimidad de Israel, lo que hacía crucial establecer vínculos con actores periféricos con intereses estratégicos comunes.

Aunque inicialmente Teherán mantuvo cautela frente al nuevo Estado, los esfuerzos diplomáticos promovidos por Ben Gurrión sentaron las bases de una cooperación política, comercial y de seguridad relativamente estrecha durante casi tres décadas, bajo el Sha Mohammad Reza Pahlavi. Antes de 1979, ambos países establecieron relaciones diplomáticas y una colaboración significativa en defensa, inteligencia, comercio y energía. Irán veía en Israel un socio tecnológico y militar, mientras Israel consideraba a Irán un aliado clave en un entorno dominado por tensiones con sus vecinos árabes.

Esta convergencia respondía a intereses comunes: la preocupación por el nacionalismo árabe radical y la influencia soviética durante la Guerra Fría. Asimismo, desarrollaron proyectos energéticos y mantuvieron cooperación discreta en seguridad, configurando un entendimiento pragmático que fortaleció sus posiciones regionales.

El giro se produjo con la Revolución Islámica de 1979, asociada en parte al golpe de Estado de 1953 que depuso al gobierno que había nacionalizado el petróleo iraní. Este proceso generó descontento interno que culminó en la revolución, la cual rompió relaciones con Israel, transfirió su embajada en Teherán a la Organización para la Liberación de Palestina y redefinió su política exterior sobre bases ideológicas. Israel pasó a ser considerado una entidad ilegítima, y el rechazo al sionismo se convirtió en eje central del discurso iraní.

No obstante, la década de 1980 evidenció la complejidad geopolítica. Durante la guerra Irán-Irak ocurrió el episodio Irán-Contra (1985-1986), en el que Israel actuó como intermediario en una operación secreta promovida por Estados Unidos para transferir armas a Irán a cambio de facilitar la liberación de rehenes en el Líbano. Esta acción no implicó restablecimiento de relaciones, sino una maniobra táctica en un contexto de guerra.

En las décadas siguientes, la rivalidad evolucionó hacia formas indirectas de confrontación. Irán ha respaldado a actores como Hezbollah en el Líbano y Hamas en territorios palestinos, mientras Israel considera el programa nuclear iraní una amenaza estratégica. Así, las relaciones han pasado de la cooperación a una enemistad estructural, que influye en el equilibrio de poder en Oriente Medio.

Por: Jose Manuel Castillo

El Nacional

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