El reconocido carnavalero dominicano Juan Francisco Vásquez (Juampa) ha tomado una pausa como figura emblemática de los desfiles y eventos festivos propios de estas fiestas, más él carnaval, no ha tomado pausa de su presencia y su legado.
Este “príncipe africano” sigue siendo una digna figura de la gran representación cultural que implica esta antigua tradición.
El gobierno dominicano de manera inteligente, reconoce este año en el marco del Gran Desfile Nacional, la amplia trayectoria y la labor de este hombre, que por casi seis décadas ha embellecido el carnaval con personajes creativos y llenos de una identidad que desenmascaran esa parte negra que muchos dominicanos pretenden seguir escondiendo detrás de las orejas. Parece que muchos hemos hecho oídos sordos a esa pausa de Juampa: su rostro carnavalero sigue embelleciendo paredes, portadas y muchas páginas de libros.
El sigue siendo inspiración, y referencia. Su presencia se reclama donde se precise hablar de carnaval porque quiera o no, sigue siendo un digno representante: Lo bailado nadie lo quita y sus huellas son imborrables. Su figura enaltece nuestra cultura, cuando desfila en las calles con colorido y elegancia.
Igualmente Juampa aporta, cuando con fuerza convincente envía sus mensajes cristianos como diácono permanente de la iglesia católica. A mi juicio, a la iglesia le suma que entre los carnavaleros esté el diácono Juampa, y al carnaval le hace bien tener un mensajero disfrazado que expanda buenos mensajes.

