Opinión

Judas y Bosch

Judas y Bosch

En el año de 1947, el insigne prócer dominicano, don Juan Bosch, tuvo la atrevida idea de defender la figura histórica de Judas Iscariote. Bosch le manifestó a su amigo Raúl Roa, político y diplomático cubano, su intención de escribir un libro para sacar a Judas de su perenne lodazal histórico. Roa solo atinó a decir jocosamente: ‘’Hazlo, que la familia de Judas te lo va a agradecer.»

Aunque los enemigos políticos de Juan Bosch aprovecharon la publicación de »Judas Iscariote, el calumniado» para etiquetarlo como comunista, lo cierto es que el fundador del Partido Revolucionario Dominicano y del Partido de la Liberación Dominicana aborda el tema con una seriedad inigualable, mediante un estudio riguroso del Libro de los Hechos de los Apóstoles y testimonios de los evangelistas: Juan, Lucas, Marcos y Mateo.

Contrastando las versiones de los evangelistas y las mismas palabras de Jesús, Bosch demuestra que nunca hubo tal beso de Judas a Cristo como señal de traición, pues Jesús era lo suficientemente conocido y no tenía que ser señalado por nadie. Es el mismo Hijo del hombre que dice: ‘’¿Como contra ladrón habéis salido con espadas y garrotes para prenderme? Todos los días estaba yo en medio de vosotros en el templo enseñando y no me prendisteis’’. Ciertamente, no había necesidad de besar a Jesús.

Igual contradicción muestran los evangelistas con la muerte de Judas, pues no todos coinciden en que se ahorcó. Don Juan hace preguntas lógicas que ponen a temblar a los más creyentes: ¿Por qué Judas no se prestó a ser testigo contra Jesús ante el Sanedrín? ¿Por qué nunca fue sustituido como tesorero? ¿Por qué personalizar la traición en Judas?, pues para Jesús morir en la cruz no necesitaba ser traicionado.

En 1944, el coloso argentino, Jorge Luis Borges, en un exceso de erudición, en su cuento: »Tres versiones de Judas», usando a Niels Runeberg como personaje ficticio, dijo bellamente: ‘’Jesús no necesita de un hombre para redimir a todos los hombres«.

Bosch y Borges se adelantaron a su tiempo.

Por: Ramón Rodríguez
centrodeidiomaswashington@gmail.com

El Nacional

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