En un momento decisivo de su trayectoria, la artista dominicana Julieta Prissell prepara la inauguración de su nueva exposición individual “Despertar: La conciencia hecha materia”, en el Salón Imperial del Museo Abreu, el 14 de febrero, a las 7:00 de la noche.
La muestra llega tras un año de intensa proyección internacional y confirma una etapa de madurez creativa donde el cuerpo, la memoria y la materia se consolidan como ejes simbólicos de una obra profundamente contemporánea.
Luego del cierre de 2025, marcado por exposiciones de alto impacto, reconocimientos institucionales y un diálogo activo entre identidad, cultura y artes visuales, Prissell inicia el nuevo año reafirmando un lenguaje propio que trasciende fronteras.

Desde “Conexiones afrocaribeñas”, presentada en San Francisco de Macorís durante los Magazines Awards 2025, hasta “Mi tributo al merengue”, en Berlín, bajo los auspicios de la Embajada Dominicana en Alemania y RIMYA, su obra ha activado lecturas críticas que entienden el arte como archivo vivo de memoria, ritmo y pertenencia.
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Conversamos con la artista sobre este momento clave de su carrera, los desplazamientos culturales que han nutrido su práctica y los retos que se abren en esta nueva etapa de consolidación.
Tu nueva exposición individual se inaugura en febrero, en el Museo Abreu, en un momento que se describe como clave dentro de tu trayectoria. ¿Cómo definirías esta etapa de madurez creativa y qué transformaciones conceptuales han marcado tu proceso reciente?
Esta etapa representa para mí un momento de síntesis y claridad. No siento que haya cambiado mi esencia, pero sí la manera en que la escucho y la organizo. Hoy trabajo desde una mayor conciencia del lenguaje pictórico que he venido construyendo durante años, integrando con más libertad la abstracción, el simbolismo y la memoria emocional.
Las transformaciones conceptuales recientes tienen que ver con una depuración del gesto y una relación más directa entre intención y forma. Me interesa menos explicar y más activar experiencias: que la obra funcione como un portal sensorial y psicológico donde el espectador pueda reconocerse.


En tu obra investigas de manera constante el cuerpo, la memoria y la materia como territorios simbólicos. ¿Cómo dialogan estos elementos en tus piezas más recientes y de qué manera se conectan con la identidad afrocaribeña que atraviesa tu trabajo?
El cuerpo, la memoria y la materia dialogan en mi obra como territorios vivos, nunca cerrados. El cuerpo aparece no solo como presencia física, sino como archivo emocional; la memoria como un espacio en constante reescritura; y la materia como un campo de resonancia simbólica.
Estos elementos se conectan de manera orgánica con la identidad afrocaribeña que atraviesa mi trabajo: el ritmo, la espiritualidad, la herencia oral y musical. No trabajo la identidad como un discurso ilustrativo, sino como una energía interna que estructura la composición, el color y el pulso de la obra.
Exposiciones como “Conexiones Afrocaribeñas” y “Mi tributo al merengue” han impulsado una circulación internacional decisiva para tu carrera. ¿Qué significó presentar tu obra en contextos tan distintos como República Dominicana y Berlín, y cómo influyen estos intercambios culturales en tu práctica artística?
Presentar mi obra tanto en República Dominicana como en Berlín fue profundamente revelador. En mi país, el trabajo dialoga con una memoria compartida, con códigos culturales que se reconocen desde lo afectivo. En Berlín, el encuentro fue distinto: más analítico, más silencioso, pero igualmente intenso. Estos intercambios culturales me han confirmado que, cuando el lenguaje es honesto, trasciende el contexto. Al mismo tiempo, me han llevado a afinar mi práctica, a pensar la obra como un espacio de traducción entre culturas sin perder su raíz.
Has participado en encuentros interdisciplinarios que integran artes visuales, música y discurso femenino contemporáneo, como el realizado en Chicago. ¿Qué valor tienen para ti estas convergencias y cómo enriquecen tu reflexión sobre identidad, comunidad y fuerza femenina?
Las convergencias interdisciplinarias son esenciales para mí. El diálogo entre artes visuales, música y discurso femenino contemporáneo amplía el campo de sentido y rompe jerarquías tradicionales. Estos encuentros enriquecen mi reflexión sobre identidad y comunidad, pero sobre todo refuerzan una idea clave: la fuerza femenina no es un tema, es una posición desde la cual se crea, se piensa y se habita el mundo.
Compartir estos espacios con otras mujeres creadoras fortalece mi práctica y la vuelve más consciente de su dimensión colectiva.

