El trágico incidente del miércoles en Sabana Yegua, Azua, en el que dos personas fallecieron y otras seis sufrieron heridas de perdigones disparados por agentes de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) debe ser objeto de una profunda investigación exenta de prejuicio o privilegio.
Se dijo que miembros de la DNCD procedían a detener a un sospechoso de traficar con drogas, herido de bala en una pierna al resistir el arresto, tras lo cual habrían sido atacados a pedradas por una multitud.
Gente de la comunidad niega esa versión y acusa a los agentes actuantes de disparar a diestra y siniestra.
Las autoridades informaron que dos efectivos sufrieron fracturas en una pierna y un brazo y un tercero laceración por ataques de arma blanca.
A causa de los perdigones disparados por la patrulla de la DNCD murieron una mujer de 42 años y un hombre de 54, y otras seis personas heridas, incluidos dos menores.
En ningún modo se justifica un saldo trágico de tal magnitud, aun en el caso de que la patrulla de la DNCD fuera atacada a pedradas, objetos lacerantes o punzantes, como alegan sus integrantes.
Por la gravedad del caso y por la denuncia de la DNCD de que con frecuencia sus incursiones en barrios y comunidades rurales son repelidas a tiros y pedradas, se requiere que el incidente de Sabana Yegua sea investigado de manera exhaustiva.
El saldo de muertos y heridos, y aun con el reporte de tres agentes de la DNCD con heridas contusas y lacerantes, no guarda proporción con la magnitud que pudo tener el supuesto ataque.
Que dolor e indignación por lo sucedido en Sabana Yegua no obnubilen el curso de las investigaciones ni se olvide el hecho cierto de que la DNCD ha denunciado que con frecuencia sus agentes son recibidos a tiros y pedradas en barrios y comunidades. Justicia se pide.

