Editorial

La aplanadora

La aplanadora

El Senado ratificó ayer a cuatro de   cinco miembros escogidos para integrar la Cámara de Cuentas por un período de seis años, una decisión definida como sectaria y avasallante por la oposición política.

 En la selección de los  componentes de ese importante órgano del Estado se repitió una receta similar  a la  aplicada en la Junta Central Electoral, donde también se  confirmaron cuatro de sus miembros y se escogió un quinto juez, militante del partido oficial.

En ningún modo se objeta la valía profesional y ética de los funcionarios cuyos nombramientos  fueron revalidados  y de nuevo seleccionados, pero se resalta que en ese proceso de escogencia estuvo ausente el consenso político o social.

La Constitución de la República  otorga  a la Cámara de Cuentas  el papel de previsor y garante de un ejercicio transparente de los presupuestos nacionales, por lo que  la conformación de su directiva ha debido reflejar una mayor  confluencia de pluralidad.

Aunque la ratificada presidenta de  ese organismo, doctora  Licelot Marte de Barrios,  ha tenido  dilatada militancia en el Partido Reformista Social cristiano (PRSC),  esa organización sostiene que fue excluida en la escogencia de sus miembros, en tanto  que en nueva nómina no figura ningún miembro recomendado por el Partido Revolucionario Dominicano (PRD).

Es evidente que el partido oficial, con mayoría en ambas cámaras,  aplicó una  aplanadora o  restringió más de la cuenta  opciones presentadas por  el litoral partidario y la sociedad civil.

La doctora Marte de Barrios  y los licenciados Pablo Domingo del Rosario,  Pedro Antonio Ortiz Hernández, Juan José Heredia Castillo y Alfredo Cruz Polanco,  tienen  desde hoy el reto de  conquistar respeto y aprecio público, con sus actuaciones apegadas a la ley y demostrada independencia.

El   Gobierno y el Partido de la Liberación  deberían reflexionar sobre el uso y disfrute  de la mayoría casi absoluta de que disponen en el Congreso, pues su empleo desaforado o abusivo  causa más mal que bien a la democracia y a la gobernabilidad.

Se recomienda frenar  la aplanadora.

El Nacional

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