Editorial

La Cenicienta

La Cenicienta

El ministro de Educación ha tenido el coraje cívico al  describir la  situación de precariedad y desorden que caracteriza al sistema educativo  nacional, donde en un solo distrito escolar unos 600 maestros cobran sin trabajar, y de advertir que el sector  requiere de más de dos mil 200 millones de dólares sólo para formar a los docentes.

El presupuesto asignado a  Educación  no alcanza siquiera para  disminuir el déficit de nueve mil aulas, ni mucho menos para reparar o adecuar las existentes, por lo que se requiere  que el Gobierno cumpla  con la obligación constitucional de asignar a ese sector al menos el  cuatro por ciento del Producto Interno Bruto (PIB)

El ministro Melanio Paredes, al comparecer junto a otros funcionarios, como invitados especiales  al almuerzo semanal del Grupo de Comunicaciones Corripio, ha colocado el índice sobre una vieja llaga  imposible de  cicatrizar con una rebaja  presupuestal que fue reducida este año en seis mil millones de pesos.

Además de  agudo déficit de aulas, de retraso en el programa de formación magisterial, problemas  en el suministro del desayuno escolar, el licenciado Paredes ha referido el hecho insólito de  que  en una  demarcación  escolar, 600 “profesores” cobran salarios como tales  sin jamás visitar el aula donde  harían sido asignados, lo que ofrece una idea del nivel del desorden y anarquía que deberá  enfrentar ese funcionario.

 Ninguna sociedad, menos aun la dominicana,  podría  dar el anhelado salto hacia adelante, sin que el Estado invierta  en la educación un porcentaje significativo del PIB, como ocurre en otras naciones  subdesarrolladas como Taiwán y Corea del Sur, que hoy figuran  en la lista de las primeras  veinte economías del mundo.

Se resalta el esfuerzo  de las autoridades educativas por  subsanar males menores y mayores, pero hay que advertir que la  precariedad y atraso persistirán, a menos que el Gobierno brinde atención a la Cenicienta.

El Nacional

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