Hace cien años los hermanos Ramón y Manuel Corripio cruzaron el Atlántico desde la Madre Patria para asentarse en esta tierra de primacías donde plantaron la semilla del trabajo arduo y creador, convertida hoy en frondoso árbol de éxitos que cobija a una de las familias más emblemáticas y honorables de la sociedad dominicana.
La familia Corripio ha recorrido un siglo de intensa historia política, económica y social que incluye dos intervenciones militares extranjeras, 31 años de tiranía sin ejemplo, pago de la deuda pública, fin de la dictadura, golpe de Estado y guerra civil, episodios que forjaron en sus integrantes la firme determinación de abrazar para siempre el gentilicio dominicano.
Los Corripio se ganaron el respeto y aprecio de la colectividad nacional desde el primer día en que don Ramón y don Manuel arribaron a la riada de Santo Domingo, por su acendrada ética de trabajo, vocación de servicio, honradez laboral y personal, además de su inmediata interacción con la sociedad toda.
El nombre de la familia Corripio ha estado indisolublemente ligado a la persistencia, optimismo, unidad, respeto y amor entre sus integrantes y a todas las vertientes que conducen al progreso compartido, como lo demuestra hoy el cuadro de miles de empleados que aglutinan las empresas del Grupo Corripio.
La celebración de los cien años de la llegada al país de don Ramón y don Manuel constituye en sí misma el mejor ejemplo de la gratitud que expresa la familia Corripio por su indisoluble vinculación con la patria de Duarte y el regocijo que siente la sociedad por el honor de compartir terruño con tan dignos ciudadanos.
Como parte de los festejos por tan trascendente efeméride, la familia Corripio ha reconocido la labor querealizan cien instituciones no lucrativas, a cada una de las cuales ha entregado una placa de reconocimiento y un cheque por un millón de pesos, un gesto que enaltece, porque honrar honra.
Los votos de felicitaciones van dirigidos a José Luis Corripio Estrada (don Pepín), presidente del Grupo Corripio y de la Fundación Corripio, a su esposa Ana María Alonso de Corripio, a sus hijos Manuel, José Alfredo, Lucía y Ana Corripio Alonso, así como a todos sus descendientes.
Una sociedad agradecida se regocija por los cien años de la llegada a su seno de una familia que ha sido ejemplo de trabajo y sacrificio, pilares sobre los cuales ha progresado en términos materiales y espirituales y contribuido de manera significativa con el crecimiento y desarrollo de la economía dominicana.

