La historia política dominicana de los últimos 96 años guarda un enigma difícil de descifrar y que llama la atención: la ausencia de una sucesión democrática directa por consanguinidad.
Desde la caída de la dictadura, ningún pariente directo de un expresidente de la República ha logrado ascender las escalinatas del Palacio Nacional mediante el voto popular, un fenómeno que en la actual coyuntura podría cambiar ante la existencia de dos figuras emergentes.
Un antecedente, aunque distorsionado, es el de Héctor Bienvenido «Negro» Trujillo Molina, hermano del dictador Rafael Leónidas Trujillo, quien asumió la presidencia en dos periodos (1952-1960), pero bajo un esquema de gobierno “títere” y elecciones de partido único, careciendo de legitimidad.
Un líder histórico como Juan Bosch, primer presidente democrático tras la caída de Trujillo, no dejó descendencia política en el solio presidencial. Su sobrina, Milagros Ortiz Bosch, alcanzó la vicepresidencia (2000-2004) y aspiró, pero sin éxito, a la nominación por el Partido Revolucionario Dominicano (PRD).
Por su parte, a Joaquín Balaguer, que gobernó por 22 años, no se le conocieron hijos reconocidos públicamente ni familias interesadas en los «menesteres del poder». A pesar de su hegemonía de décadas, el caudillo reformista no fomentó una sucesión dinástica, dejando tras de sí un vacío que sus familiares no intentaron llenar en el ámbito electoral.
Escenario hacia 2028
En el escenario actual, dos figuras de parcelas distintas parecen estar destinadas a romper este ciclo histórico: la alcaldesa del Distrito Nacional, Carolina Mejía, y el senador de la misma demarcación, Omar Fernández. Ambos gozan de una alta valoración social, pero navegan aguas políticas muy diferentes de cara al 2028.
Carolina Mejía, hija del expresidente Hipólito Mejía (2000-2004), ya se perfila como una de las principales aspirantes a la nominación presidencial por el Partido Revolucionario Moderno (PRM). Su gestión municipal y su rol como secretaria general de esa organización la colocan en la línea frontal de sucesión dentro de la organización oficialista.

Carolina
Contrario a Carolina, el panorama de Omar Fernández está condicionado por la figura de su padre, Leonel Fernández, tres veces presidente de la República.
Te puede interesar: ¿Podrán Collado y Carolina batir maldición municipal?
Mientras que Carolina compite en un escenario donde su padre ya no es el actor principal, Omar enfrenta el hecho de que su progenitor sigue habilitado y activo para buscar el poder en el próximo certamen electoral.
A lo interno de su partido, la Fuerza del Pueblo (FP), existe un sector de la cúpula que entiende que Leonel Fernández debe ser declarado candidato por aclamación, dada su experiencia y liderazgo.
Esta realidad coloca al joven senador en una posición de espera estratégica, respetando los tiempos de su organización y la jerarquía de su padre. Hasta el momento, el hijo del exmandatario ha sido obediente a los designios de su organización y ha optado por la prudencia política.
Sin embargo, la incógnita permanece en el aire: ¿Será el 2028 el año en que el país vea, por fin, a un hijo de la democracia suceder la gloria de sus padres en las urnas?
Otras familias de los fenecidos expresidentes Antonio Guzmán (1978-1982) y Salvador Jorge Blanco (1982-1986) han limitado su papel al servicio público, pero no con aspiraciones directas al Poder Ejecutivo.
Sonia Guzmán, hija del primero, a pesar de su linaje y de ser una influyente figura política del PRM en Santiago, ha optado por un perfil moderado. Esta desempeñó, durante el primer periodo de gobierno del PRM, un rol estratégico como embajadora de la República Dominicana en Washington.
Su hijo, Iván Hernández Guzmán, ha seguido esta misma línea de discreción y trabajo orientado a la gestión pública, evitando el proselitismo personal.
La herencia política de Salvador Jorge Blanco también se ha manifestado a través de generaciones que priorizan el trabajo partidario y legislativo. Su vástago, el fenecido Orlando Jorge Mera, se distinguió por ocupar cargos de alta dirección tanto en el PRD como en el PRM. A la hora de su asesinato, se desempeñaba como ministro de Medio Ambiente.
En la actualidad, esta tradición de relevo generacional continúa con Orlando Jorge Villegas, quien ha sido diputado (2020-2024) y, además, miembro activo del oficialismo.

