Gestas como la invasión de Luperón, de la cual se cumplen hoy 61 años, tienen que rememorarse no sólo para exaltar a los mártires, sino como referente contra la usurpación del poder y la limitación de los derechos ciudadanos y las libertades públicas. El desembarco del 19 de junio de 1949 por la bahía puertoplateña de 15 expedicionarios marca el primero de una serie de episodios que culminarían en 1961 con la decapitación de la férrea dictadura trujillista.
Es cierto que la expedición, que partió de Guatemala en un hidroavión y que comandaba el exiliado Horacio Julio Ornes, fue un fracaso militar. Pero puede decirse que sirvió para demostrar que el dominio del dictador Rafael Leonidas Trujillo Molina no era absoluto, que había quienes estaban dispuestos a jugarse la vida en aras de la libertad y la democracia de la nación.
Los guardacostas no les dieron tiempo a los heroicos combatientes, matando a 10 de ellos, entre los que figuraban tres nicaragüenses y un costarricense que se habían solidarizado con la causa de la libertad. Sobrevivieron Ornes, José Rolando Martínez Bonilla, Tulio H. Arvelo, José Félix Córdova Boniche y Miguel Angel Féliz Arzeno, quienes fueron apresados y torturados antes de ser indultados.
Luperón era uno de tres desembarcos contra Trujillo financiados por el próspero terrateniente Juancito Rodríguez, con la colaboración del presidente guatemalteco Juan José Arévalo y otros gobernantes de la región. Por diferentes razones los otros dos no pudieron cumplir la patriótica misión. Pero la realidad es que tras la frustrada expedición de Cayo Confites, en 1947, Trujillo, ya estaba preparado para enfrentar cualquier incursión armada por algún punto del territorio.
El exilio dominicano, diseminado por diferentes países, era numeroso y estaba conformado mayormente por profesionales y hombres de negocios que se oponían a la cruel dictadura de Trujillo. No vacilaron a la hora de arriesgar la vida con la determinación de liberar al pueblo de las garras del despotismo. Sabían que enfrentarían un Ejército numeroso y bien apertrechado.
Pero desde la independencia de 1844 el valor ha marcado todas las grandes gestas libradas por el pueblo en aras de sus derechos y libertades. La Restauración de 1863, la epopeya del 14 de junio de 1959 y la resistencia a la invasión estadounidense de 1965 son los ejemplos más ilustrativos. Por su significado histórico la expedición de Luperón es más que exaltación y reverencia a los mártires de la patriótica gesta. Como la mayoría de los involucrados no tenían necesidades económicas se trata de un acto de conciencia contra la tiranía y la opresión.

