Nueva vez se conmemora en el mundo el Día Internacional de la Mujer. Muchas luchas y arduas jornadas de afanes se detienen hoy para exaltar no sólo la tradicional y anticuada imagen de la mujer y madre sacrificada, a fin de permitir un examen de los avances reales que han alcanzado las mujeres.
Si se evaluara por el discurso social público, y particularmente por el de los políticos, habría que llegar a la conclusión forzada de que las mujeres tienen el reconocimiento de las estructuras sociales y todas sus aspiraciones están completamente satisfechas, en una creencia vana que podría convencer a quienes se desmontan del carruaje indetenible y crudo de la realidad.
La sociedad dice haber entendido el papel y la trascendencia de la mujer; se han estructurado instituciones públicas y privadas; se han impreso decenas, centenares, miles de libros con estudios sobre y desde la mujer; se han hecho ya todas las investigaciones necesarias, pero la mujer en la práctica sigue sin el apoderamiento social que le corresponde por ley y justicia.
¿Corresponde el número de postulaciones electorales del Congreso y los municipios a la proporción demográfica que representan las mujeres, masa votante determinante?
¿Se han elaborado las políticas públicas con una visión de género que otorgue los principales recursos del Estado a la formación, el empoderamiento y la superación de las mujeres?
¿Tienen los políticos varones, figuras aferradas a las cúpulas, tanto de oposición como del gobierno, una visión de equidad de género?
Podemos seguir celebrando con anuncios y discursos, pero hasta que la sociedad no comprenda, acepte y se comprometa con el desarrollo de las mujeres, podremos continuar alimentándonos con la cuchara vacía de los conceptos repetidos.

