Articulistas Opinión

La patria posible

La patria posible

Chiqui Vicioso

En todas las patrias de la dominicanidad, tanto aquí como en los lugares donde residen hombres y mujeres de esta nación, una ansiosa juventud hurga en sus orígenes.

Muchos asocian nuestra identidad con una forma de hablar, de vestir, de bailar, con la música, el ron y la comida dominicana, todas expresiones de lo que somos.

Y todos y todas han oído hablar del Padre de la Patria: un hombre “bueno”, en las historias que se cuentan e imágenes, que fundó la República Dominicana.

Pocos conocen la historia de ese hombre que se llamó Juan Pablo Duarte y que es no solo un Quijote de triste figura, como lo representan, sino un ciudadano de esta isla que se tomó muy en serio su derecho y deber como dominicano de construir una Patria, la que hoy hemos heredado, y se llama Santo Domingo, Quisqueya o República Dominicana.
¿Qué sabemos realmente de nuestro Padre de la Patria?.

Que fundó una sociedad patriótica llamada La Trinitaria, y junto con su hermana, verdadera Madre de la Patria: Rosa Duarte, y otros jóvenes como él inquietos, utilizó el teatro para difundir la idea de que nos merecíamos tener un país, en ese momento ocupado por ciudadanos de la parte occidental de la isla, empeñados en imponernos lo que era su experiencia en la construcción de su patria.

Que, contra viento y marea, y todo tipo de persecuciones, y exilios, enfrentó no solo a las potencias extranjeras que nos colonizaban sino también a quienes llamó “malos dominicanos”, porque no creían que podíamos ser libres e independientes, dueños y dueñas de nuestro destino.

Los liderazgos verdaderos se miden por la resistencia que desatan. Nadie se molesta en difamar, denigrar, u obstaculizar a personas que no tienen significancia, en cualquier plano: el político, el profesional, el literario.

Juan Pablo Duarte es un ejemplo de esta practica que no es solo dominicana, sino universal: erigir un cerco, un muro, contra aquellos y aquellas que con su prédica, su trabajo constante, su ejemplo, señalan sin querer nuestras traiciones cotidianas; nuestro tráfico de influencias; nuestra venta de endosos. Solo que la Historia pone todo en su lugar, y como a Cervantes, hoy nadie le regatea su paternidad de la Patria.

Bombardeados, con la reducción de nuestros sueños a la vulgaridad o el consumo, barato intercambio de nuestro poder para forjar la Patria que soñamos, la felicidad colectiva, la justicia para todos y todas, y nuestra trascendencia como ciudadanos y ciudadanas con el poder de construir el país posible, Juan Pablo Duarte es el refugio de todas nuestras esperanzas, nuestro pasaporte en la búsqueda de quienes somos y de la República Dominicana que imaginamos.

Chiqui Vicioso

Chiqui Vicioso