La prudencia de Danilo



El término prudencia proviene del latín prudentia, que es una cualidad que consiste en actuar o hablar con cuidado, de forma justa y adecuada, con cautela, con moderación, con previsión y reflexión, con sensatez y con precaución para evitar posibles daños, dificultades y respetar los sentimientos y las libertades de los demás.

La prudencia requiere un buen sentido, un buen juicio, templanza, cordura, sabiduría, discernimiento y aplomo, más cuando se ejerce el oficio de la política.

Antiguamente, los egipcios solían representar a la prudencia como una serpiente con tres cabezas (una de león, una de lobo y una de perro). Se decía que un individuo era prudente cuando tenía la astucia de las serpientes, la fuerza del león, la agilidad de los lobos y la paciencia
de los perros.

En el cristianismo, la prudencia es una de las cuatro virtudes cardinales, junto con la justicia, la templanza y la fortaleza, que consiste en discernir y distinguir lo que está bien de lo que está mal en cada circunstancia y actuar en consecuencia.

Un hombre prudente debe tener la sabiduría de la serpiente y la paciencia de los lobos
La prudencia es una virtud muy valorada. De allí que la sabiduría popular, a través de refranes y dichos, aconseje practicarla.

De ahí que en la reunión del pasado sábado del Comité Central del PLD, el presidente Danilo Medina dio muestra de prudencia máxima al actuar acorde con el sentimiento de unidad que demandaban las bases de su partido.

Teniendo la fuerza del león (mayoría absoluta en el CC) pudo haber hecho lo que le diera la gana, pero actúo con la sabiduría de la serpiente, y pensó más en el bienestar colectivo que en los intereses políticos particulares.

De Danilo seguir actuando así, Leonel pudiera ser el ganador de la candidatura presidencial del PLD, y quizás hasta el presidente de la República, pero el liderazgo quedará en manos del actual mandatario, aún cuando éste salga del poder el próximo año.

Ahora el mandatario debe demostrar que la política es coyuntural y no debe ser caldo de cultivo de odios ni rencores.