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La Tierra ¿Ombligo del Universo?

La Tierra ¿Ombligo del Universo?

Cuando observamos cómo todas las galaxias parecen alejarse de nosotros, podríamos pensar inmediatamente en que ocupamos el centro del universo.

La Teoría geocéntrica es una antigua teoría de ubicación de la Tierra en el Universo. Coloca la Tierra en el centro del Universo, y los astros, incluido el Sol, girando alrededor de ella (geo: Tierra; centrismo: centro).

Creer que la Tierra es el centro del universo es la opinión obvia de quien no se plantea hallar una solución a los problemas que presentan los movimientos de los cuerpos celestes, esto es, los movimientos de los planetas.

El geocentrismo estuvo vigente en las más remotas civilizaciones. Por ejemplo, en Babilonia era ésta la visión del universo y en su versión completada por Claudio Ptolomeo en el siglo II en su obra El Almagesto, en la que introdujo los llamados epiciclos, ecuantes y deferentes.

Las teorías

Apuntando con su telescopio a las estrellas, Galileo Galilei provocó una revolución científica que socavó la base sobre la que se apoyaba la astronomía de entonces: la teoría Geocéntrica, que se había tomado como verdad irrefutable por más de mil años.

Sólo el astrónomo Nicolás Copérnico se había atrevido a refutarla, proponiendo una nueva teoría, llamada «Heliocéntrica», ganándose el rechazo general.

Teoría Geocéntrica

Cuando Galileo enfocó a Júpiter con su telescopio, se dio cuenta de que este planeta tenía cuatro satélites, o sea cuatro cuerpos que giraban alrededor suyo y no de la Tierra.

Esto último era particularmente importante porque en aquellos años la gente creía que la Tierra estaba en el centro del universo y los astros se movían en derredor suyo.

La existencia de satélites que giraban alrededor de Júpiter significaba en primera instancia que no todos los cuerpos celestes giraban alrededor de la Tierra, o sea, que había más de un centro de rotación en el universo.

Esta idea se vio reforzada cuando descubrió que Venus tiene fases parecidas a las de la Luna. Esto sólo podía explicarse por el movimiento de Venus alrededor del Sol.

La esfericidad de la Tierra era un hecho conocido desde el siglo V antes de Cristo. Los astrónomos griegos concluyeron que el mundo era redondo y centrado en la tierra.

El primer modelo geocéntrico fue propuesto por Aristóteles, quien murió en el año 322 antes de Cristo. De acuerdo a las creencias de la época, el cielo era el reino de los dioses y los cuerpos celestes se movían en órbitas perfectas.

En tanto Platón, había establecido que el círculo era la forma perfecta por excelencia, debido a su simetría. Los astrónomos concluyeron entonces que los astros que se movían en el cielo describían un movimiento circular uniforme y que la esfera celeste englobaba el conjunto del sistema solar.

Este esquema no explicaba el «movimiento retrógrado» (contrario al sentido de su trayectoria) que parecen describir los planetas en el cielo.

Una solución para explicarlo fue propuesta por el astrónomo alejandrino de origen griego Claudio Ptolomeo, en el año 150 de nuestro tiemo, en su libro «El Almagesto». Su teoría permitía explicar el movimiento retrógrado de los planetas de la siguiente manera:

Primero: Los siete planetas: la Luna, Mercurio, Venus, el Sol, Marte, Júpiter y Saturno, (la luna y el Sol se consideraban planetas en aquel entonces) giraban alrededor de la Tierra.

Segundo: De entre estos, todos salvo la Luna y el Sol, describían un movimiento especial: giraban en pequeñas circunferencias situadas sobre una circunferencia mayor cuyo centro era la Tierra.

Tercero: Las estrellas estaban fijas unas respecto a otras en la bóveda celeste.

A esta teoría se le opuso la Heliocéntrica, apoyada por Galileo, que decía en resumen, que la Tierra y el resto de los planetas giraban alrededor del Sol, quedando éste definido como el centro del universo.

Teoría Heliocéntrica

La teoría Heliocéntrica había sido formulada por Aristarco de Samos en el siglo III antes de Cristo, y fue replanteada por Nicolás Copérnico en el siglo XVI.

Los descubrimientos de Galileo proporcionaron pruebas irrefutables de que el sistema solar es heliocéntrico. Esto de por sí era difícil de aceptar por una sociedad que había vivido 15 siglos con la idea de que la Tierra era el centro del universo. Pero hoy sabemos cosas que habrían asombrado incluso a Galileo; sabemos por ejemplo, que el Sol está girando alrededor del centro de la Vía Láctea y que esta se mueve en relación a las galaxias vecinas.

La ciencia

Pasaron siglos en los que todo el mundo pensaba que la tierra era el centro y que el sol y la luna y las estrellas daba vueltas alrededor.

Después se descubrió que sucedía al revés, la tierra daba vueltas alrededor del sol, porque no era más que uno de los planetas del sistema solar.

El verdadero centro era el sol. Más tarde, se descubrió que el sol tampoco era el centro. No era más que una estrella de una inmensa galaxia, la Vía Láctea y encima estaba situado en una zona no ya poco céntrica, sino más bien en un especie de rincón de la galaxia.

Finalmente, se descubrió que la Vía Láctea no es más que una de las innumerables galaxias que existen. En fin, que la tierra había pasado de ser el centro del universo a ser una mota de polvo mínima, un punto insignificante y marginal de un suburbio del universo.

  Pero la ciencia no se detiene en su sorprendente actividad. Ahora resulta que ve el universo «curvo», de tal suerte que si por una hipótesis absurda pudiéramos disparar una flecha con la fuerza suficiente para recorrer todo el espacio en teórica línea recta, al fin acabaría realmente en el punto de partida. Parece claro que el universo de la ciencia experimental es finito.

Sin embargo, si pudiéramos recorrerlo en línea recta nunca llegaríamos a un extremo o borde, andaríamos siempre volviendo al punto de partida.

Porque, y esto es una consecuencia que parece lógica, cada punto del universo en cierto modo puede considerarse como centro de coordenadas espaciales.

El Nacional

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