El asesinato con tiros de metralleta del coronel de la Policía José Amado González, perpetrado el día de Nochebuena frente a su residencia en la avenida Anacaona, constituye el peor desafío del crimen organizado contra una sociedad que hace tiempo ingresó al escenario de la angustia a causa del auge del narcotráfico y el deterioro de la seguridad pública.
Dos individuos que aguardaban dentro de una yipeta que usaba placa del Ejército Nacional, dispararon ráfagas contra el vehículo en el que el ex oficial retornaba a su hogar junto a su esposa, Madeline Bernard, en un edificio de apartamentos del sector Los Cacicazgos. González sufrió impactos de trece balazos y la dama cuatro disparos que la mantienen en estado grave.
Se resalta que el coronel González fue mencionado en un expediente sobre alegado lavado de dinero proveniente del narcotráfico instruido por la Fiscalía del Distrito Nacional, por lo que se colige que su asesinato está relacionado con ese caso y que además se trató de un homicidio por encargo.
Llama la atención que el Ministerio Público nunca pidió medidas de coerción contra González ni su esposa, pese a que refiere sus alegados vínculos con el fugitivo narco José Figueroa Agosto.
A más de un reto para descubrir y apresar a los autores materiales e intelectuales de este crimen, las autoridades enfrentan un claro desafío del crimen organizado.
Agotada está la capacidad de asombro de la sociedad ante el auge y avance del narcotráfico y su capacidad de terror e intimidación. El sentimiento colectivo se asocia hoy al miedo y a la angustia, ante niveles de inseguridad nunca antes sufridos.
Es por eso que se reclama a la Policía Nacional y a la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) que no dejen altares sin remover en la tarea de localizar y someter a los tribunales a quienes perpetraron este asesinato y a sus mandantes.

