A fin de cuentas, Luis Abinader podía seleccionar como su compañero de boleta a quien quisiera. Tenía plena potestad de su Partido Revolucionario Moderno (PRM) para hacerlo. Pero eso no significa que la elección de la empresaria y vicerrectora de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (Pucamaima), Raquel Peña viuda Antuña, no pueda ser escrutada. Desconocida en el campo empresarial, político y académico, solo Abinader y sus asesores saben las razones de una elección para un cargo que, si ciertamente no tiene mayores funciones, tampoco deja de ser importante.
Por la eficiencia que se le atribuye en su gestión como alcalde del Distrito Nacional era lógico pensar que el candidato vicepresidencial de Abinader sería David Collado, quien además le aportaba a su proyecto una imagen fresca. Con todo a su favor para repostularse y ganar la reelección, Collado tuvo el inaudito gesto de declinar para aupar a Carolina Mejía.
Demostró que no es el clásico político ambicioso, que busca construir un liderazgo desde el poder. ¿O acaso una alcaldía como la del Distrito Nacional no tiene más peso social y económico que la Vicepresidencia de la República?
Al preferir a la señora Peña viuda Antuña sobre Collado como compañera de boleta, Abinader y sus asesores saben por qué lo hicieron.
Es obvio que la decisión no fue producto del azar y que se ponderaron todos los factores. No hay que abundar en detalles. Si ella no le suma, se piensa que tampoco le resta. Puede inferirse, como se asegura que prevaleció en la decisión de Gonzalo Castillo al escoger a la actual vice Margarita Cedeño que su presencia puede contribuir a neutralizar sectores. Lo de Leonel Fernández y Sergia Elena de Séliman es otra fragancia. Al respecto lo que más se advierte por ahora es que la decisión es parte de la apuesta postelectoral del exmandatario.
En el caso de Abinader y Collado ha venido a colación la perversidad con que el finado expresidente Joaquín Balaguer estigmatizaba a los aspirantes a la vice. Decía que solo querían acompañarlo para heredarlo en el trono por lo viejo y enfermo que él estaba.
A diferencia de Estados Unidos, donde el vicepresidente es el virtual candidato presidencial de su partido, por aquí es una maldición que tenga tales aspiraciones. Sin necesidad alguna, porque lo demostró al no repostularse en la Alcaldía del Distrito Nacional, Collado, quien lucía el compañero ideal del candidato del PRM, ha tenido que defender su bien ganada imagen.
Si Abinader quería un vice opaco, no pudo hacer mejor elección. La señora Peña viuda Antuña podrá ser una figura de mucha influencia en determinados círculos del Cibao, pero dudo que su resonancia sea nacional.

