El fundador del controversial portal de Internet WikiLeaks, el australiano Julian Assange, ha sido detenido en Londres para ser investigado por supuestos delitos sexuales, aunque se da por descontado que su arresto tiene que ver con los documentos secretos o clasificados que han puesto en bandolera a la diplomacia de Estados Unidos.
Assange fue arrestado por no detener un acto sexual que sostenía con una mujer a pesar de que el preservativo que usaba se rompió, por lo que las autoridades lo acusan de violación contra su compañera de alcoba.
Sin menoscabo de las pruebas o evidencias que sostienen esa acusación, resulta ridículo o irónico que al fundador de un portal que ha develado al mundo la tragedia de la guerra y la oculta diplomacia de retrete, sea encarcelado por el delito de usar preservativo de mala calidad.
Es por eso que en Europa se teme que el Reino Unido acceda a presiones de Washington para que Assange sea extraditado a Estados Unidos, donde sería enjuiciado por robo de documentos o por espionaje.
El portal WikiLeaks se ha convertido en una de las fuentes noticiosas de mayor importancia e influencia mundial, porque ha divulgado miles de documentos secretos o embargados del Pentágono y el Departamento de Estado que revelan los lados oscuros de las guerras de Irak y Afganistán, corrupción corporativa y los perfiles políticos y personales que aplica la diplomacia estadounidense a líderes de todo el mundo.
La orden de arresto contra Assange, emitida por Suecia, ha sido difusa y sin contundencia alguna, por lo que se teme que su detención en Inglaterra sea el primer episodio de una historia de persecución cuyo epílogo sería la extradición a Estados Unidos.
Los abogados de Assange se refieren a una disputa judicial sobre sexo consensual sin protección, pero han advertido que contra su cliente se ha desatado una persecución de índole política.
WikiLeaks, al develar tan escandalosos papeles, ha desatado la ira de los demonios.

