Opinión

Los dos pastores

Los dos pastores

La Semana Santa es un período donde se enfrentan el mal y el bien, algo que conoce todo aquel o aquella que ha estudiado sobre el mundo espiritual. Los que practican el mal la eligen para sus trabajos maléficos, por eso es un suicidio no tomarla en serio y convertirla en un derroche de excesos de toda índole.

Quienes saben se retiran del bullicio, ayunan, oran, practican el silencio y el Domingo de Resurrección respiran.

Por eso hay mucho de simbólico en el asesinato de dos jóvenes pastores precisamente en Semana Santa, por el mal encarnado en un coronel y su patrulla de policías, con un largo historial de muertos y abusos. Fue Sangre del Cordero derramada para detener la sangre de los tantos muertos, en todas partes. Paz a sus almas.

Los y las que algo sabemos de espiritualidad también conocemos que violentar la espiritualidad de esos días con trabajos maléficos se paga caro, porque el mal se devuelve a sus autores o autoras y solo hay que estar atentos. El cáncer de D’Abuisson, precisamente en la garganta, después de ordenar el asesinato de Monseñor Romero es un recordatorio, y ya lo veremos proliferar entre los demonios/as que nos habitan.

La gente del pueblo ve estos asesinatos como un atentado contra el gobierno, y un ataque frontal al nuevo jefe de la policía, a quien “odian” porque es joven, ha estudiado, y profesa aparentemente el humanismo.

Estamos tan chivos con todo lo que tiene que ver con la Policía Nacional que en este caso habrá que ver para creer.
La gente del pueblo también cree que si algún capitaleño entra a la policía es para conseguir un arma y delinquir, y que la mayoría viene del campo y de las barriadas marginales del interior, con un claro objetivo: hacerse rico, y obtener el poder que su origen social les niega.

Por eso, además de las cancelaciones del exceso de generales y coroneles que tiene la policía, previa una investigación sobre como acumularon sus bienes y su violación o defensa de los derechos humanos, la depuración del cuerpo policial debe comenzar en el reclutamiento.

Para ello hay que diseñar pruebas psicológicas y psiquiátricas que puedan evidenciar las tendencias a la psicopatía, violencia, criminalidad, y deshonestidad de los nuevos y nuevas reclutas. Estas pruebas deben ser periódicas y estar acompañadas de una rigurosa evaluación de los antecedentes familiares del o la recluta, porque la violencia doméstica que deriva de la pobreza es endémica y se replica.

Sugerimos además que durante un año, después del ingreso al cuerpo policial, los nuevos reclutas no utilicen armas de fuego.
¡Cuente con nuestro apoyo, señor Presidente Abinader!

Por: Chiqui Vicioso

luisavicioso21@gmail.com

El Nacional