Lucha en el PLD



La Locura de Marzo, torneo eliminatorio del basket universitario norteamericano, es uno de los eventos deportivos más populares, ya que permite aupar el equipo de tu alma mater.

Marzo también es el mes en que el presidente Danilo Medina prometió hablar a la nación respecto a la reelección presidencial. Aunque marzo estaba supuesto a tener buenos augurios, de ahí los famosos “idus de marzo”, fue precisamente en el cual adquirió categoría histórica la expresión atribuida al emperador Julio César: “Hasta tú Brutus”.

Junto a la también conocida: “Cuídate de los idus de marzo”

Extraña posición de nuestro presidente, toda vez que había jurado ante Dios, sus compañeros de partido y la Nación que la del 2016 sería su “última candidatura”. Por esta razón, muchos sectores se han mantenido expectantes ante la decisión final del presidente.

Si cumple su palabra, lo cual yo creo que hará, o si por el contrario decide correr el albur que muchos de sus áulicos públicamente le aconsejan.

Sabemos que hay políticos que han hecho de la trampa y el engaño su modus vivendis. No paran mientes a las enseñanzas éticas ni los principios. Se han colgado el pragmatismo como amuleto. Todo vale si el fin es controlar los resortes del poder y el presupuesto. Están convencidos de que el “poderoso caballero” lo puede todo.

Diseminados en todos los partidos, hay facciones que operan con real espíritu de cuerpo, aplicando descarnadamente ese pragmatismo.

Embocada

Así vimos al Comité Político del PLD preparar la emboscada reeleccionista de Juan Dolio. Consumadas sus malas artes, para evitar las consecuencias propias de su accionar, propusieron la firma de un Pacto por la Unidad que garantizara la cohesión partidaria. Este acuerdo, propuesto por el propio beneficiario, derivó en la modificación Constitucional que permitió su repostulación en el 2016 e inhabilitación para los comicios del 2020.

Firmado por los 35 miembros del CP, fue ratificado por el Comité Central y refrendado por la Asamblea de Dirigentes.

Traemos esto a colación, ya que, de manera frenética, se han activado de nuevo las ambiciones grupales, intentando violentar todo lo pactado y estuprar nueva vez la Constitución, con mecanismos espurios de lubricación congresional, para permitir una tercera repostulación. Y así, mientras el presidente administra su promesa de marzo, han salido los alcaldes a pedir a gritos la reelección, mientras senadores y encumbrados funcionarios celebran veladas provinciales laudatorias, propias de épocas que pensábamos superadas.

Todo esto aderezado con el odioso pase de lista, derivado de la exigencia de “presencia obligatoria”, así como la coerción y amenaza velada a la empleomanía estatal. Por eso vemos a los precandidatos, lanzados como conejillos de india a atajar como en el 2014, recoger sus bártulos y desmontar sus vallas.

Segundas partes

Así las cosas, es bueno recordar a estos genios gubernamentales que la historia no se clona y que nunca segundas partes fueron buenas. Esto así, porque en el 2012, para derrotar a Hipólito, quien a meses de las elecciones le llevaba a Danilo 22%, hubo que conformar tres frentes.

El del candidato, el de la vice Margarita y el que encabezó el presidente Fernández, quien mantenía una popularidad, según Gallup, superior al 70%. Fruto del gran esfuerzo realizado por el presidente Fernández se pudo remontar esa ventaja y ganar las elecciones de 2012. Algo reconocido noblemente por el propio Danilo Medina.

Para las elecciones del 2016, sin embargo, las condiciones objetivas y subjetivas apuntaban a favor del presidente Medina. Un gobierno fresco, con buenas y mejor mercadeadas iniciativas, caló positivamente en la población, que además siempre se había mostrado favorable al esquema norteamericano de dos períodos y nunca jamás, llegando a alcanzar hasta el 91.3% de aprobación (Gallup, agosto 2014). La reelección del presidente Medina no tenía un rechazo social, económico ni siquiera político.

Las discrepancias a lo interno del PLD surgieron por la forma taimada e innecesariamente atropellante en que fue impuesta. Y, sin embargo, con un nivel de aprobación de un 81.8% (Gallup julio 2015), a nueve meses de las elecciones, Medina y sus lugartenientes entendieron que se hacía imprescindible garantizar la unidad del partido mediante la incorporación de su popular y carismático líder, Leonel Fernández, para asegurar la victoria en los comicios del 2016. A estos fines, se desmontó la campaña de acoso y derribo articulada desde el 2012. Y se firmó el Acuerdo por la Unidad que sistemáticamente esta camarilla viene tratando de desconocer.

“Idus de marzo”

Y así hemos llegado a los “idus de marzo” 2019, a 14 meses de las elecciones presidenciales, y una especie de locura colectiva e irracional parece haberse apoderado de las mentes embriagadas de poder.
Un verdadero delirium tremens obnubilante. Esto así, porque a diferencia de Julio César, el presidente Leonel Fernández se preparó para impedir que los Brutus se sintieran tentados al magnicidio.
En efecto, luego de la experiencia de los vientos del 2015, Leonel ha articulado una poderosa maquinaria de más de dos millones de votantes comprometidos con su proyecto.

Con más de 4 mil aspirantes a las diferentes candidaturas del PLD. Con un incansable periplo por provincias y municipios del país oyendo sus pobladores y presentándoles los proyectos de infraestructura de RD44, ha elevado su popularidad cercana al 50%.

Pero fundamentalmente, con un discurso en defensa de la Constitución, la institucionalidad democrática y el Estado de Derecho, que ha sintonizado con las expectativas de la población, que en más de un 75% se opone a la modificación constitucional para forzar la odiosa reelección.

Luego, alguien debiera decirles a los huéspedes de la Colina de la Moisés García que la modificación constitucional para permitir la repostulación del presidente Medina tiene de antemano garantizado el fracaso. Y es que la reelección se ha convertido en una palabra impublicable.

Si tres de cada cuatro dominicanos rechazan la reelección, el frente monolítico que crearían estas ambiciosas pretensiones sería un tsunami insalvable.