En la evaluación del Foro Económico Mundial, República Dominicana perdió 15 puntos entre 2011 y 2012 en el ranking de competitividad. Ahora, en el informe “Doing Business”, del Banco Mundial, ha declinado cinco puntos en la materia con relación al año pasado. Las notas en las evaluaciones internacionales no son para protestar ni justificarse, sino para prestar atención a los factores que se citan en el deterioro del clima para hacer negocios en este país.
Si se han dado pasos importantes para mejorar el clima, como en efecto ha ocurrido, se presume que no han calado lo suficiente o que no cuentan con el debido crédito de organismos y entidades internacionales. Es una realidad que las autoridades tienen que ponderar, antes que tomar el rábano por las hojas, a fin de modificar la percepción de que en el país abundan los obstáculos para la inversión nacional y extranjera.
El Banco Mundial cita problemas con la formalización de las pequeñas y medianas empresas entre los factores que han determinado el retroceso en competitividad. Sin embargo, el ministro de Industria y Comercio no acepta la evaluación bajo el alegato de que es precisamente en ese sector donde el Gobierno de Danilo Medina ha hecho los mayores esfuerzos para mejorar el clima de inversiones.
Entre las medidas adoptadas citó la creación de la ventanilla única, que reduce a una semana el proceso para registrar una empresa, con la consiguiente disminución de gastos.
Por más reales e incluso saludables que sean los esfuerzos, el descenso progresivo sobre el clima de inversiones en que coinciden casi todas las evaluaciones representa un signo inquietante. Sobre todo, cuando son recurrentes obstáculos como la corrupción, los impuestos y la burocracia entre los factores que colocan a República Dominicana entre los 35 países con el peor clima en materia de negocios. Sin hablar de las deficiencias en el sistema eléctrico y en otros servicios.
Sin seguridad jurídica y a todos los niveles, además de reglas claras, a las autoridades les va a resultar difícil cambiar la mala imagen que ha cultivado en materia de competitividad. Con la globalización y los tratados comerciales el panorama ha variado de tal modo, que son muchos los factores, algunos hasta de poca monta, que consideran para hacer negocios. Al margen de los intereses que puedan considerarse para marcar las tendencias de los mercados.
Aunque se disienta del informe del Banco Mundial, las autoridades no tienen más que asumirlo como un desafío para profundizar y dar más credibilidad a las medidas que se han adoptado para la formalización de las pequeñas y medianas empresas. Con todos los problemas que abruman a la población, a pesar del crecimiento económico y la estabilidad social, la inversión extranjera es fundamental para construir un futuro más promisorio. Y para atraerla hay que aprender la lección de que la competitividad es la clave.
Sin que nadie se llame a engaño.

