Fue Samuel Langhorne Clemens hasta los 28 años, cuando se entregó de lleno a la pluma. Mark Twain fue el pseudónimo erigido a modo de barrera entre una vida intensa antes y después.
Aderezada siempre con ironía, marca de la casa. Dentro de 20 años estarás más decepcionado por lo que no hiciste que por lo que hiciste, dijo. Y se aplicó con rigor la premisa.
Se cumplen ahora 100 años de la muerte del genial escritor que nació el 30 de noviembre de 1835 en Florida (Misuri), donde sus padres habían emigrado para estar cerca del tío John, un próspero comerciante dueño de una granja y unos 20 esclavos negros.
También su padre se dedicó a la tierra, actividad muy lucrativa en un país en plena efervescencia expansionista. Eran los años de las grandes plantaciones de algodón, de los desgarradores cánticos de lamento… Y todo quedó plasmado en sus obras.
El autor, considerado el Charles Dickens del nuevo mundo, fue maestro de maestros. Buena prueba de ello son los elogios de escritores que supusieron tanto para el siglo XX como William Faulkner, Norman Mailer o Ernest Hemingway.
Tras casarse en 1870 con Olivia Langdon, hija de un capitalista muy activo en la lucha antiesclavista, se estableció en Connecticut. Se acabó la vida de nómada y comenzó la crítica social denunciando la corrupción política o las ansias por enriquecerse a cualquier precio.
Seis años más tarde publicó su primera gran novela, Las aventuras de Tom Sawyer (1876), basada en su infancia. Después llegaron las de Huckleberry Finn (1884), también ambientadas en el ribera del gran río, aunque menos autobiográficas. Y de nuevo sus propios pasos en Vida en el Mississippi (1883), sobre su añorada etapa como piloto fluvial.
Fue el primer escritor verdaderamente americano y todos nosotros somos sus herederos, dijo el autor de Luz de agosto o Mientras agonizo, sureño como Twain y tan curtido como reportero como lo estuvo su antecesor. Para Mailer la prueba de lo buena que es Huckleberry Finn es que puede ser comparada con las mejores novelas modernas.
Algo que compartió el escritor de ‘¿Por quién doblan las campanas?’: Toda la literatura moderna americana procede de un sólo libro de Mark Twain titulado Huckleberry Finn. Todos los textos estadounidenses proceden de este libro. No hubo nada antes. No ha habido algo tan bueno desde entonces.
Ya en ‘El forastero misterioso’ (novela póstuma publicada en 1916) afirma que se siente como un visitante sobrenatural, llegado con el cometa Halley y dispuesto a abandonar la Tierra con la siguiente reaparición del astro, que ponía fin a su ciclo de 79 años. Y fue así como sucedió.
Falleció el 21 de abril de 1910 en Redding (Connecticut), pero incluso con su muerte tuvo que recurrir a la ironía. Y es que el New York Journal se adelantó y en 1897 ya publicó su deceso.
Letal error al que Twain respondió con una carta al director: James Ross Clemens, un primo mío, enfermo en Londres hace dos semanas. La noticia de mi enfermedad derivó de la enfermedad de mi primo; la noticia de mi muerte fue sin duda una exageración, decía en la misiva.

