Editorial

Más oscuro

Más oscuro

El panorama eléctrico se ha tornado más oscuro, no sólo por los tediosos y prolongados apagones de los que no ha escapado ni el Palacio Nacional, sino por las dificultades financieras con que obviamente han tropezado las autoridades para encontrar una salida al dramático problema. En la medida que se agrava la crisis el Gobierno parece más atrapado en un callejón sin salida.

Ante el fracaso de reformas, nuevas leyes, talleres, seminarios y acuerdos para estabilizar y reducir los costos operativos del servicio, al Gobierno no le ha quedado más opción que la del endeudamiento. Pero en ese aspecto también han surgido dificultades a causa de que no se han honrado compromisos, como el que se suscribió con el Fondo Monetario Internacional, para saldar la deuda con los generadores.

Se pensó que en estos momentos el Banco Mundial podía salvarle la campana con un préstamo de 500 millones de dólares para abonar a los productores, pero la entidad advirtió que cualquier financiamiento para el sector tiene que estar contemplado en el acuerdo suscrito a fines de 2009. Frente al portazo el ministro de Hacienda, Vicente Bengoa, ha visto en la emisión de bonos la posibilidad de captar los recursos para remediar la crisis.

Tras un encuentro con los generadores en que el Gobierno se comprometió a saldar la deuda corriente que en octubre de 2009 ascendía a 450 millones de dólares, el vicepresidente de la Corporación de Empresas Eléctricas Estatales (CDEEE), Celso Marranzini, se permitió garantizar que la era de los “apagones financieros” se había acabado.

Sin embargo, las interrupciones actuales no tienen otro sello, en tanto las contradicciones saltan a la vista. El ministro de Hacienda dice una cosa y el vicepresidente de la CDEEE, quien incluso ha tenido que pedir excusas a la población, dice otra. Pero el problema no es a quién creerle sino que la solución está empantanada por falta de recursos, como han reconocido las propias autoridades, en tanto los apagones castigan con más intensidad a los consumidores.

El ministro de Economía, Planificación y Desarrollo, Temístocles Montás, había garantizado que la crisis sería superada tras el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que especializó unos 300 millones de dólares para el sector, pero hoy la salida luce tan oscura como el mismo panorama que crean los siniestros apagones.  El problema está en que se quieren soluciones sin sacrificios.

Como pinta el cuadro el Gobierno tendrá que emplearse bien a fondo para vadear una crisis que ya huelga reconocer sus efectos tanto en la población como en la propia economía.

El Nacional

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