Santo Domingo. El arzobispo coadjutor de Santo Domingo, Carlos Tomás Morel Diplán, afirmó este miércoles que la falta de vocación religiosa en la República Dominicana responde a una crisis más amplia que afecta distintos ámbitos de la vida social, como el matrimonio, la familia y el ejercicio profesional, marcada por el individualismo y el predominio del interés económico sobre el sentido de servicio.
Durante su participación en el Almuerzo Semanal del Grupo de Comunicaciones Corripio, el prelado sostuvo que la disminución de vocaciones no es un fenómeno exclusivo de la Iglesia, sino una manifestación de un problema estructural en la sociedad.
“No solamente en la vida religiosa o en la vida sacerdotal, es en todos los niveles, es un tema de crisis”, expresó.
Matrimonio y vida profesional también reflejan la crisis
Morel Diplán señaló que la pérdida del sentido vocacional se evidencia incluso en el matrimonio y en la vida profesional, donde, dijo, muchos compromisos se asumen sin convicción ni estabilidad.
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“Hay gente que se casa y a los dos o tres días se acabó todo y otros ni aspiran a matrimonio ni les interesa nada de eso”, manifestó.
En ese mismo contexto, afirmó que en el ámbito académico y laboral predomina la motivación económica por encima de la realización personal y del servicio a los demás.
“En la parte profesional uno siente que hay quienes estudian más por lo que van a ganar que por el servicio que van a realizar y está más el interés económico y material que su realización humana personal”, indicó.
Agregó que “la vocación es lo que te ayuda a realizarte, aunque tú no ganes un chele, pero tú lo haces porque te gusta”.
La familia, base de la vocación sacerdotal
El arzobispo coadjutor enfatizó que la formación cristiana en el hogar es un elemento clave para el surgimiento de vocaciones sacerdotales y religiosas, advirtiendo que la debilidad de la familia impacta directamente en este aspecto.
“La vocación sacerdotal tiene un elemento fundamental que es la formación cristiana en el hogar”, afirmó, al tiempo de advertir que “si no hay familia estable, sólida, formada, no va a subir la vocación en la vida sacerdotal y religiosa”.
Asimismo, señaló que el individualismo se gesta desde los hogares, lo que debilita la formación integral de las personas.
“Hay gente muy individualista y en las casas y muchos hogares se forma el individualismo y falta esa parte familiar”, expresó.
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Impacto en la sociedad
Morel Diplán advirtió que la crisis vocacional no solo afecta a la Iglesia, sino también al desarrollo social e institucional del país, ya que la formación familiar incide directamente en la calidad de los ciudadanos y de los servidores públicos.
“Por eso la formación familiar es fundamental para el desarrollo de una vocación auténtica en cualquier nivel que sea”, sostuvo, y añadió: “sin familia no solamente no tendremos vocaciones, tampoco buenos ciudadanos ni buenos funcionarios porque depende mucho de ahí”.
El prelado reiteró que, ante este panorama, la Iglesia mantiene a la familia como una prioridad, al considerarla la base esencial para la formación humana, social y espiritual de la nación.

