Un informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) revela que el desempleo afecta con particular crudeza a jóvenes y mujeres dominicanos, cuyas tasas de desocupación es más del doble que cualquier otro segmento poblacional.
Ese estudio señala que el 58 por ciento de los desempleados está por debajo de los 29 años de edad, cuestión que se agrava con la incorporación cada año al mercado laboral de casi 14 mil jóvenes entre 15 a 24 años.
Apenas un cuatro por ciento de los jóvenes que procuran un primer empleo logra su objetivo, lo que indica que el índice de desocupación mantiene una sostenida espiral ascendente.
El estudio del PNUD, que abarca el período 2000-2007, indica que más de la mitad de la masa juvenil empleada labora en el sector informal y que el 47 por ciento trabaja sin remuneración fija.
El índice de desempleo es, sin dudas, mucho mayor al 15 por ciento que señalan estadísticas oficiales, situación que se agrava por la pobre calidad de los nuevos empleos creados, la mayoría de los cuales corresponde a trabajos domésticos, peluquerías, colmados y choferes.
En ese período de siete años apenas se crearon 72 mil empleos, la mayoría de muy baja productividad que no alcanzaron para satisfacer la demanda laboral de recién incorporados al mercado laboral ni para conjurar el déficit acumulado.
Las mujeres constituyen el segmento poblacional de mayor desempleo, con el agravante de que los puestos de trabajo que logran obtener son inestables, vulnerables y poco valorados.
El informe del PNUD sobre mercado laboral revela que el primer decenio del nuevo siglo ha sido una década perdida en materia de política de empleo y combate a la pobreza, pues en vez de bajar, la tasa de desempleo se amplía y castra las posibilidades de crecimiento de jóvenes y mujeres.
Se reclama, pues, que el Gobierno acoja con seriedad el estudio de referencia, cuyos resultados oscilan entre drama y tragedia, y se aboque al diseño y ejecución de una auténtica política de promoción de empleo.
Que no se hable de progreso ni modernidad en una sociedad dominada por un modelo rentista, donde más fácilmente se consigue una muela de gallo que un empleo que valga la pena.

