Las 205 personas que según la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH-RD) murieron en 2025 en supuestos intercambios de disparos con la Policía no es un simple ejercicio contable.
Se trata de la aplicación de un método represivo, que cuestiona la capacidad de la Policía para combatir la criminalidad y la delincuencia, además de ensombrecer la integridad de sus miembros.
Los supuestos intercambios no dejan de verse como un recurso de agentes para evitar que las víctimas pudieran implicarlos con algunas de sus fechorías.
Ejecuciones documentadas, como la ocurrida en La Barranquita, Santiago, encontraron una amplia condena en la población.
En el proceso de reforma y transformación a que está sometida, la Policía tiene que hacer más para superar los intercambios de disparos como método para combatir la criminalidad.
En el recuento la CIDH aporta un detalle digno de ponderarse al ubicar entre 18 y 35 años la inmensa mayoría de las víctimas en las intervenciones de la Policía.
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Puede colegirse que eran jóvenes sin oportunidades y sin esperanza de conseguir a través de medios lícitos los recursos para satisfacer sus necesidades.

