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Museo de Historia estuvo abandonado durante 17 años

Museo de Historia estuvo abandonado durante 17 años

En estas condiciones fue entregado el Museo Nacional de Historia.

Había prometido no tratar las mentiras que surgieran de los nuevos inquilinos del Ministerio de Cultura de la República Dominicana. Empero, las declaraciones aparecidas en los medios provenientes de nuevas autoridades que conforman ese Ministerio, me obligan a romper mi promesa.
Cuando fui nombrado director del Museo Nacional de Historia encontré un local cerrado, insalubre, lleno de hongos y bacterias de todo tipo, con más de 17 años clausurado, sin ventilación; filtraciones e inundaciones internas que humedecían las piezas históricas causándole podredumbre, en algunos casos irreparables; a esto se unían las polillas que se comían todos los objetos de madera que no fuesen de caoba, en fin, una situación que parecía insalvable.

El rescate
Acompañado de los únicos tres empleados en nómina: Pablo Belén, Octavio Jiménez y Arcadia Brioso, quienes lograron hacer “de tripas corazón”, lavando pisos y paredes, las cuales, sin embargo, al poco tiempo volvían a teñirse de verde por el rápido crecimiento de los hongos. Debo aquí anotar que posteriormente descubrimos que el agua de la cisterna, la que empleábamos para limpiar, estaba conectada con las aguas negras provenientes de los sanitarios, cosa que vinimos a saber cuando rompimos la antigua cisterna para construir una nueva.
Me correspondió entrar al Ministerio de Cultura durante el período de Pedro Vergés, cuya principal característica era la de no proveer al Museo productos de limpieza, ni siquiera papel sanitario, por lo que hube de separar el 30 % de mi salario para adquirir productos de limpieza: detergentes, escobas, palas, rastrillos, etc. En medio de esas vicisitudes encontramos que las únicas personas solidarias, fueron el viceministro Federico Henríquez Gratereaux y la directora de museos, Ana María Conde, mis superiores jerárquicos, quienes en todo momento me respaldaron, llegando incluso a utilizar parte de sus sueldos para resolver las carencias de suministros, como fue el caso de la compra de reactivos para comprobar científicamente los hongos y bacterias existentes en el Museo. ¡Gracias a los dos!
Los resultados de las pruebas llegaron con la recomendación de que no asistiéramos al local porque corríamos peligro de muerte. Sin embargo, seguimos adelante.

Así estaba esta área del Museo de Historia, la cual fue restaurada en la anterior gestión.

Danilo
Un día, el presidente Danilo Medida decidió ir a la Plaza, para ver personalmente cual era la situación real del lugar y, a pesar de que el ministro le recomendó no entrar al edificio, éste lo hizo y el resultado fue el remozamiento total del Museo Nacional de Historia, el de el Hombre Dominicano y el de Arte Moderno, así se logró en corto tiempo, la mejor obra de la Plaza de la Cultura.
Durante la intervención fue necesario alquilar varios furgones donde se colocaron las piezas museísticas, debidamente embaladas en papel libre de ácido y depositadas organizadamente en cajas especiales de cartón, también libres de ácido. Había una cantidad de muebles modernos y exageradamente grandes pertenecientes a la Procuraduría General de la República, provenientes de un embargo realizado a un personaje ligado al narco, que se depositaron en una pequeña nave techada de aluzinc.
Piezas abandonadas
En el transcurso de esos 17 años de abandono muchas piezas se habían deteriorado de tal forma, que no valía la pena guardarlas, sin embargo, Ana María Conde, la directora de Museos, dispuso de manera enérgica el resguardo de las mismas dentro de dichos furgones, porque su experiencia como la museógrafa más calificada del país, le indicaba que todas se podrían restaurar, y así se hizo. Lo primero que restauramos fue la estatua de Eugenio María de Hostos y dos grandes murales existentes en las paredes del Museo, los cuales fueron restaurados, in situ, por el maestro peruano John Padovani.
En ese momento llegó la avalancha de aquellos que investidos de cargos para los que no califican iniciaron su “labor”, repartiendo el Museo Nacional de Historia como si fuera un negocio de chatarra. Una de sus primeras acciones fue contratar a 25 personas, la mayoría de ellos ciudadanos extranjeros, pertenecientes a la República de Haití, quienes empleando carretillas y sin la dirección adecuada trasladaron las piezas, entre ellas, el ya deteriorado piano de José Reyes, el cual a pesar de la carcoma podría restaurarse tal y como habíamos hecho con los murales.
De ahí en adelante son ellos los “iluminados”, quienes cuentan su historia, a su manera, olvidándose que de este lado hay historiadores, intelectuales como Federico Henríquez Gratereaux, museógrafos de verdad, con títulos universitarios, es decir, hombres y mujeres comprometidos en construir un verdadero museo de la identidad dominicana. Pero eso es parte de otra historia.

Por Miguel De Camps
Especial para El Nacional

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