Orto-escritura

Negación y doble negación

Negación y doble negación

La negación se presta para originar rasgos de los hablantes. Esto puede incluir identificación de niveles educativos como actitudes psicológicas de quienes hablan.

Este artículo se centra en el habla de los dominicanos y cómo se ha convertido en una particularidad de nuestra forma de emplear el español la recurrencia, específicamente, de la doble negación. Ejemplos: “No, yo no como eso”.  “Yo no voy, no”. “No creo que él venga, no”. “No, a mí no me metas en tu lío, no”.

Primero les presento unos señalamientos de orden académico contenidos en el Libro de estilo de la lengua española. Según apunta esta publicación de la Asociación de Academias de la Lengua: “En español, la doble negación no cancela el sentido negativo”.

Esto resta veracidad a una norma popular que reza “dos negaciones afirman”. En el ejemplo “No vino nadie”, la doble negación se justifica debido a que las expresiones negativas no pueden aparecer después del verbo sin que otra palabra negativa preceda al verbo. Sería equívoco considerar que en “No vino nadie” queda dicho que vino alguien. Mejor será Nadie vino.

Agrega el texto académico que cuando los adverbios nada, nadie, ninguno, nunca y otros negativos, preceden al verbo no deben combinarse con /no/.

Sigamos con el ejemplo /Nadie vino/, que jamás admite la forma “Nadie no vino”. Tampoco es válido emplear /no/ seguido del adverbio /tampoco/: “Tampoco no lo hizo Juan”.

Recientemente, presentó su discurso de ingreso a la Academia Dominicana de la Lengua Rita Díaz Blanco, quien realizara una importante investigación titulada “Identidad y lengua oral actual en la República Dominicana”. De ese texto, que tiene 245 páginas, citaré una apreciación acerca de la doble negación:

«En la República Dominicana aún se mantiene la doble negación para validar las ideas. Alba (2004: 143) explica que la doble negación es una construcción sintáctica que tiene un gran valor identificador del español dominicano, ya que no se ha documentado en ningún otro país de habla hispánica.

Se trata de un enunciado que contiene la marca negativa (no) antepuesta y pospuesta al verbo: «Yo no quiero ir para allá no», «No sé decirte no».

En su investigación cómo hablamos los dominicanos recoge los hallazgos de Schwegler (1996):  El uso de la construcción con doble negación no enfática es común en los sectores sociales bajos y está marcadamente estigmatizado en el país.

La negación postverbal dominicana se integra dentro del enunciado, formando una sola unidad de entonación, es decir, no se trata de la partícula negativa del español general que se repite fuera del resto de la oración con carácter enfático (No me gustó no).

 La doble negación dominicana puede atribuirse a la influencia africana. Hay indicios de que el origen de estas estructuras está vinculado con un primitivo código afroportugués». (p. 91).

Así como la doctora Díaz, hablando desde el punto de vista lingüístico, ubica el origen del fenómeno de la doble negación en la influencia africana, el psiquiatra Antonio Zaglul (1920-1996) atribuye cierto tipo de respuestas a la paranoia y la desconfianza del dominicano por temor a caer “en gancho”, tema sobre el  que este brillante médico desarrolló una teoría.

La frase que le quedó como anillo al dedo fue esta triple negación: “Ah, no, yo no sé, no”. Esa singular expresión, propia de la lengua oral dominicana, apareció como estribillo en un merengue cantado por Johnny Ventura (1971).

Guarda semejanza con “Yo no me doy cuenta”, que grabara Cecilia García en la misma década y que hacía referencia a algunos hechos de la política del momento.

Aunque menos que la doble, la triple negación anda en la boca de los dominicanos y es parte de nuestra identidad.

Fernando Suero

Periodista, catedrático universitario, máster en periodismo digital y de datos; articulista de opinión.