Salud Pública y Educación han eximido de culpa a empresas proveedoras del desayuno escolar en casos de intoxicaciones de niños en escuelas públicas, sin llegar a establecer con precisión responsabilidad alguna por la ocurrencia de sucesos tan frecuentes y peligrosos.
Un estudio auspiciado por ambos ministerios ofrece conclusiones etéreas o imprecisas al atribuir esas intoxicaciones a manipulaciones locales de empaques y otros factores externos.
No se sabe si los análisis en laboratorios nacionales y extranjeros de muestras de leche y otros componentes del desayuno escolar se realizaron para culpar o exculpar a empresas proveedoras, aunque lo razonable sería que esas indagatorias sirvieran para identificar causas y agentes que provocaron intoxicaciones masivas.
Aunque las autoridades han recomendado extender un monitoreo constante en plantas, cadenas de distribución y zonas de almacenamiento, ese informe no precisa el punto específico donde se produjo la contaminación de los alimentos.
Descartar de plano que algún tipo de contaminación se haya producido en plantas procesadoras, es apenas una parte del problema, porque el otro cometido no cumplido por esa investigación, debió ser precisar quién o quiénes son responsables de la intoxicación sufrida por decenas de niños.
A más de declarar libres de culpa a intervinientes en la elaboración del desayuno escolar, los ministerios de Educación y Salud están en deber de garantizar que esos alimentos lleguen a manos de los estudiantes en condiciones óptima de salubridad.
Ese informe innominado, a más de no identificar con meridiana exactitud el punto dentro de la cadena de producción, distribución y almacenamiento de los alimentos donde se origina la contaminación, tampoco ofrece garantía de que el mal no se repetirá. Sin objetar que se descarte de plano que empresas proveedoras tengan responsabilidad en el asunto, se reclama que se diga cómo y por qué se produjeron esas intoxicaciones y qué se hará para evitarlas.

