Editorial

Nueva era

Nueva era

El 67 por ciento del electorado con que el cantante Michel Martelly ha sido elevado al solio presidencial sintetiza la confianza del pueblo haitiano en sus habilidades e intenciones para liderar el proceso de reconstrucción de una nación hundida por sucesivas tragedias en la más espantosa miseria.

Martelly, quien se juramenta hoy, no es un político profesional, sino un artista que decidió optar por la Presidencia tras el terremoto del 12 enero de 2010 que dejó más de 250 mil muertos, millares de heridos y desplazados y arrasó con la de por sí precaria infraestructura haitiana.

Gracias a su equidistancia partidaria y a la bendición de Washington y organismos internacionales pudo articular una estrategia que contó con el respaldo a su proyecto político de sectores del duvalierismo y de Familia Lavalás, del depuesto expresidente Jean Bertrand Aristide.

La unidad y estabilidad de Haití es uno de los principales retos para Martelly. Pero por mejores que sean sus intenciones y más realistas sus propósitos es obvio que no llegará muy lejos sin la cooperación técnica y financiera comprometida por la comunidad internacional tras las devastaciones del terremoto y los estragos en la población causados por la epidemia de cólera.

La presencia de gobernantes como el presidente dominicano Leonel Fernández en su toma de posesión marca un buen augurio en cuanto a solidaridad y en las relaciones bilaterales. Para este país, que ha sido receptáculo de un intenso flujo migratorio, la estabilidad social y política de Haití es fundamental.

Martelly cuenta con los requisitos básicos para marcar la diferencia con el pasado político, en gran medida responsable del lastre de la pobreza en que ha estado sumida la nación, y erigirse como el arquitecto del sistema institucional, que es tan necesario como las obras de infraestructura. Tiene el pleno respaldo de una mayoría significativa de la población y el compromiso de la comunidad internacional.

Si bien no se pueden esperar milagros de la noche a la mañana, el popular cantante enviaría desde el primer momento una buena señal con la erradicación de la corrupción y otros males que han contribuido no sólo con la inmensa pobreza, sino con la desconfianza de entidades claves para su desarrollo.

El ascenso de Martelly puede marcar para Haití los anhelados cambios que tanto necesita esa nación para dejar atrás las angustias y tormentos que han caracterizado su historia.

El Nacional

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