Editorial

Ola de sangre

Ola de sangre

El conmovedor asesinato del propietario y otros dos empleados de la repostería y panadería La Francesa, ocurrido ayer a sólo 48 horas de las elecciones de este domingo, ha puesto la población a reflexionar, más que en las condiciones de los candidatos, en la inseguridad y el futuro de la nación. Y no es para menos cuando a eso de las 3:00 de la tarde se comete, en una operación tipo comando, un crimen tan estruendoso, por demás en una tan concurrida como la esquina de la Paseo de los Locutores con Abraham Lincoln, próximo a la 27 de Febrero.

La muerte del empresario Rubén Soto por hombres armados que penetraron a su establecimiento y que también acribillaron a Jorge Borges y Máximo Jerónimo Paredes, ha sido relacionada de inmediato con el supuesto narcotraficante boricua José David Figueroa Agosto. Soto, padrastro de Madelin Bernard, la viuda del coronel José Amado González y González, sería el noveno que cae en relación con las operaciones que se atribuyen al fugitivo capo puertorriqueño.

Las circunstancias que rodean el crimen traducen la determinación de enviar un mensaje. Máxime cuando la tragedia se produjo unas 48 horas después que la Fiscalía del Distrito Nacional interrogó a su hijastra sobre el asesinato de González y González, ocurrido el 24 de diciembre de 2009 frente a su residencia de la avenida Anacaona. Aunque el interrogatorio no ha trascendido se especula que la mujer pudo hacer alguna confesión comprometedora. También él había sido investigado sobre una villa que habría adquirido en La Romana.

En tanto Figueroa Agosto sigue sin dar señales de vida desde que el 13 de septiembre de 2009 escapó de las narices de las autoridades durante el operativo en que fue capturada la también fugitiva Sobeida Félix Morel. Se han relacionado con su supuesta red las muertes, además de Soto y el coronel González y González, de Vienese Cesarina Capellán Pérez (Bianca la Gorda), de uno identificado sólo como sargento Núñez Vargas, Omar Ramón Antigua Polanco, Alfredo Rodríguez (Niño Pata Corta) y Gabriel Arias Castillo (Alex el Pelotero).

Los crímenes tienen en común no sólo los vínculos con la supuesta red del fugitivo boricua sino la impunidad. Esclarecer la muerte de Soto y los dos empleados de La Francesa, así como los demás crímenes y la captura de Figueroa Agosto constituye el gran reto para las autoridades, con el ingrediente de despejar la incertidumbre que la ola sangrienta ha inoculado en la población.

En víspera de las votaciones de mañana el tema no es el ejercicio del sufragio, sino el significado que tienen asesinatos como los cometidos ayer a plena luz del día en un negocio tan  frecuentado, ubicado en uno de los polígonos más concurridos que tiene la ciudad. Hay razones para preocuparse.

El Nacional

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