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ONU acelera el diálogo en Libia con la sensación de que el tiempo se acaba

ONU acelera el diálogo en Libia con la sensación de que el tiempo se acaba

Argel, 3 de Junio (EFE).- El enviado especial de Naciones Unidas para Libia, Bernardino León, exigió hoy a los gobiernos en conflicto en ese país dejar a un lado las rencillas que obstaculizan el acuerdo porque la paz es cada día más urgente. En rueda de prensa en Argel, el diplomático español pidió al Gobierno internacionalmente reconocido y establecido en Tobruk que acepte la inclusión de la plataforma de milicias Fayer Libya (Amanecer Libia), leal al Ejecutivo rebelde en Trípoli. Y demandó a este último que se retracte y no insista en acusar más al Parlamento en Tobruk de apoyar a los nostálgicos del régimen dictatorial de Muamar Gadafi, derrocado en 2011 con ayuda militar de la comunidad internacional.

“Todos tenemos que estar de acuerdo en que Fayer Libia no es un grupo terrorista, sino una organización que puede compartir valores con mucha gente”, afirmó. “Estas dos ideas se han acabado.

No hay más espacio para ellas, solo para una Libia moderna con un Gobierno unido y un amplio acuerdo que lo sostenga”, advirtió León a ambos gabinetes, que solo parecen de acuerdo en un asunto- su oposición común a una eventual intervención militar internacional. El diplomático llegó hoy a la capital argelina procedente de Catar para preparar la reunión de la próxima semana en Marruecos, que está aún en el aire, ya que solo ha confirmado su asistencia el Gobierno de Tobruk, al que apoyan económica y militarmente Egipto y Arabia Saudí.

El Ejecutivo islamista de Trípoli sigue reticente a aceptar en los términos actuales el plan de paz propuesto por el propio León semanas atrás, ya que cree que es una mera maniobra dilatoria que no soluciona los problemas de base. A este respecto, León insistió hoy en que es urgente que ambas partes acepten “renuncias dolorosas”, ya que el espectro del colapso financiero y el creciente fortalecimiento de la rama libia del grupo yihadista Estado Islámico (EI) han colocado el país a escasos centímetros del abismo.

La franquicia yihadista está fuertemente anclada en la ciudad oriental de Darna y en barrios de la localidad portuaria de Sirte, en el centro del país. Además, combate en Bengasi, segunda urbe del país, y la semana pasada logró conquistar el aeropuerto de Sirte y atentar en Misrata, último gran bastión leal a Trípoli en el camino hacia la capital. “Si las partes no entienden que Libia ha llegado al límite, el resultado podría ser que Libia se convierta en un Estado fallido.

La inseguridad financiera y la presencia del DAESH (acrónimo en árabe para el EI) debe unir a ambas partes en conflicto”, destacó. En este sentido, León se apoyó en datos concretos para pintar un futuro desolador. Según sus cifras, el Banco Central libio y las administraciones están al borde de la ruina y no tendrán capacidad para seguir pagando los salarios a policías y funcionarios públicos más allá de julio próximo. Además, la producción de petróleo en Libia ha caído en los últimos años, pero incluso si recupera su producción normal no será capaz de sostener el déficit presupuestario, advirtió. Hasta la balas utilizadas para combatir al EI se están agotando, como aseguró el martes un portavoz militar en Bengasi.

“El poco dinero que le queda a Libia se gasta para enfrentarse y para matarse, algo muy difícil de entender para los libios de a pie. No es posible continuar con esta situación”, recalcó León, quien insistió en que ya no queda tiempo para negociar nuevos acuerdos, como pretende Trípoli. “Libia no puede esperar ni siquiera a un cuarto borrador, ese debe ser el último porque quizá sea la última oportunidad para alcanzar la paz y la reconciliación”, avisó.

Fuentes diplomáticas cercanas a las negociaciones explicaron a Efe que el principal escollo es que “ninguno de los gobiernos está pensando en el futuro de Libia, sino en salir victorioso de este proceso». “Nadie ha logrado convencerlos aún de que ceder no significa una derrota. Y que el interés nacional está por encima de las luchas partidistas y las cuentas pendientes.

Ni siquiera con el negro futuro que se ve en el horizonte”, argumentó la fuente, que prefirió no ser identificada. En este sentido, el ministro argelino encargado de Asuntos Magrebíes y Africanos, Abdelkader Meshael, advirtió de que este conflicto ya no es únicamente un problema libio, “sino una amenaza para todo el norte de África y para la comunidad internacional».

Faray Buhashem, diputado en el Parlamento en Tobruk, no pareció, sin embargo, escuchar las palabras previas de León, ya que volvió a pedir ayuda militar a la comunidad internacional solo para el Ejército regular y atacó con dureza a las fuerzas leales a Trípoli. “El Parlamento libio condena la proliferación de grupos terroristas presentes ahora, especialmente en ciudades de Misrata, Haraua y Sirte (centro del país)”, afirmó. EFE

El Nacional

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