El Buró Federal de Investigaciones (FBI) indaga agresiones y amenazas contra congresistas demócratas que apoyaron la ley de reforma al sistema de salud, cuya promulgación por el presidente Barack Obama ha provocado una inusitada ofensiva mediática y política de la extrema derecha estadounidense.
Esa controvertida ley incorpora a 32 millones de personas al sistema de seguridad social estadounidense, lo que reduciría los enormes beneficios que perciben grandes compañías aseguradoras e instituciones financieras, que hoy estarían estimulando la campaña de denuestos contra el presidente Obama.
El Partido Republicano, cuyos senadores y representantes rechazan esa ley, adelantan que someterán instancia ante la Corte Suprema Nacional y cortes estatales en procura de inhabilitación, además de introducir iniciativas en ambas Cámaras para retardar su entrada en vigor.
Ese estatuto, que dispone financiar con casi mil millones de dólares el derecho a la salud de millones de familias excluidas, ha despertado al monstruo de la extrema derecha estadounidense, decidido a frustrar tan revolucionaria iniciativa.
Las expresiones de intolerancia de esos grupos extremistas se expresan inicialmente con una serie ataques a pedradas contra oficinas de congresistas demócratas, así como proferir amenazas físicas contra otros legisladores.
Por lo menos dos grandes cadenas de televisión se han unido a la trama que persigue, sabe Dios con cuáles propósitos, desdibujar la figura del presidente Obama, promotor y mentor de la más trascendente revolución social en Estados Unidos en casi un siglo.
Llama la atención que el liderazgo republicano no ha condenado esa repugnante ofensiva mediática y de terror.
Obama inicia hoy una gira nacional para defender y promover esa ley, que incluye hablar en mítines y conferencias, con lo cual el Presidente se expone a la posibilidad de sufrir agresiones instigadas por una calenturienta extrema derecha. Oremos por él.

