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Orto-escritura: El nombre Zaqueo: nada que ver con saqueo o saquear

Orto-escritura: El nombre Zaqueo: nada que ver con saqueo o saquear

Este artículo no es un tratado de teología, pero puede interesar a comentaristas y predicadores del Evangelio (católicos y protestantes), sobre todo a quienes, con la mayor simpleza, propalan que de Zaqueo, nombre propio de persona, ha derivado el sustantivo común saqueo, sinónimo de robo, y el verbo saquear.

La singular inferencia ha surgido a propósito de lo narrado por el evangelista Lucas acerca de un judío llamado Zaqueo que vivió en Jericó en los inicios de la era cristiana. Era un agente del Imperio Romano y cobraba impuestos al pueblo con suma vileza, conservando para él una tajada. Un día que andaba Jesús por esa ciudad, decidió el publicano verse con Él, se arrepintió y prometió  “… dar a los pobres la mitad de lo que tengo, y si he engañado a alguien, le voy a devolver cuatro veces de lo que le haya quitado”. (Lucas 19, 1-10).

Zaqueo había sido un extorsionista del pueblo, pero no incurrió en saqueo,  palabra que se define “acción y efecto de saquear”. Esta última tiene tres acepciones afines: “1.  Dicho de los soldados: Apoderarse violentamente de lo que hallan en un lugar.2. Entrar en una plaza o lugar robando cuanto se halla”.

El Diccionario enciclopédico de la Biblia explica que el nombre Zaqueo guarda relación etimológica con Zacarías, pues ambos significan en hebreo “Yahveh recuerda”. (Herder, Barcelona, 1993).

Los nombres Zacarías y Zaqueo aparecen tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo, con personajes diferentes. El primero corresponde, entre otras figuras, al profeta Zacarías, quien habría vivido cinco siglos antes de Cristo. A él se atribuye la profecía “Mirarán al que traspasaron”, referente a la pasión y muerte de Jesucristo. (Zac 12,10).

En el Nuevo Testamento, se nombra Zacarías a un sacerdote del templo de Jerusalén, esposo de Elizabeth y padre de Juan el Bautista. El evangelista Lucas cuenta detalles valiosos sobre el milagro de que Elizabeth concibiera un hijo, pues estaba pasada de la edad.

El nombre Zaqueo lo encontramos en el libro de Macabeos. Se trataba de un jefe militar al que Judas Macabeo designó para el asedio a una fortaleza idumea: «No menos de nueve mil se refugiaron en dos torres muy bien fortificadas con todo lo necesario para resistir un asedio prolongado. El Macabeo, dejando a Simón, Josefo, Zaqueo y a los que con ellos estaban, con fuerzas suficientes para mantener el asedio, se marchó donde más falta hacía su presencia.» (2Mac 10,18-19).

En el Nuevo Testamento, tenemos al Zaqueo que ha motivado este artículo, el hombre de baja estatura que subió a un árbol para ver a Jesucristo pasar, pero que para su sorpresa, el Maestro lo llama por su nombre: “Zaqueo, baja de ahí,  porque hoy tengo que hospedarme en tu casa».

Lo más importante de este   relato evangélico es la expresión de Jesús: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa”. El cambio de actitud de Zaqueo representa  un modelo de arrepentimiento.

Para los fines de esta columna, conviene reiterar que Zaqueo es un nombre de persona como Daniel, Pedro, Judas, Tomás, cuyos orígenes se remontan al griego y al hebreo, mientras que el sustantivo común saqueo deriva de saquear y este verbo se ha formado a partir del vocablo saco y la terminación -ear, usada en nuestra lengua, para formar verbos a partir de un sustantivo (colorear, boicotear) o un adjetivo (amarillear, blanquear).

A quien esté creyendo que de Zaqueo vino el verbo saquear o el sustantivo común saqueo, hay que decirle, como al publicano: Baja de ahí.

Rafael Peralta Romero

Rafael Peralta Romero