Editorial

Otra convulsión

Otra convulsión

Sin poder cumplir con la extravagante exigencia de vestir de lino y seda a su fláccida democracia, Haití convulsiona de nuevo  afectado por una crisis electoral que estalló en laboratorios de experimentos políticos de grandes metrópolis.

En medio de las ruinas causadas por el terremoto del 12 de enero y de la expansiva epidemia del cólera, la comunidad internacional insistió en montar una caricatura de  comicios presidenciales en ese empobrecido país, donde  el único reflejo de institucionalidad se expresa en los fusiles interventores de las tropas de Naciones Unidas.

 El Consejo Provisional Electoral otorgó mayoría de votos a  la candidata  Mirlande Manigat (31.37%), junto   al postulante oficialista Jude  Celestin (21.84), quienes competirán  en una segunda vuelta electoral, programada para  enero.

La exclusión del cantante  Michel Martelly, que según  más de cinco mil observadores electorales habría sido uno de los candidatos más votados,  ha desatado violentas protestas  con saldo de al menos  cuatro muertos en Puerto Príncipe.

Se afirma que  Martelly  fue   sustituido en la boleta de la segunda vuelta electoral por Celestin, yerno y protegido del presidente René Préval.

Como era de esperarse, el gobierno de Estados Unidos  ha mostrado preocupación por lo que  define como “contradicciones” en los resultados de los comicios del 27 de noviembre, cuyo montaje contó con  el patrocinio del Departamento de Estado.

El presidente Préval cree ahora que Washington incurre en intromisión en los asuntos haitianos, porque su embajada en Puerto Príncipe  sostiene que  el cantante Martelly obtuvo más votos que su yerno Celestin.

La grave crisis  política que  convulsiona hoy a Haití era previsible, pues el montaje de esos comicios  fue desde el principio una farsa que tuvo  el propósito de guardar las apariencias y ocultar el fracaso de un ejercicio diplomático hipócrita e irresponsable.

Tal parece que el presidente Préval, que pretende imponer a su yerno como su sucesor,  se ha salido de la esfera de influencia de Washington que  ahora interviene sin  sonrojo en el debate post electoral.

El Gobierno dominicano  está en obligación  de adoptar todas las previsiones  que sean necesarias para evitar que  el torrente de esa crisis cruce la frontera.

El Nacional

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