Moderación y sensatez se convierten hoy en palabras mágicas que han de guiar pensamiento y comportamiento de los ciudadanos que desde hoy emprenden viaje hacia todos los puntos de la geografía nacional en procura de disfrutar con los suyos el largo asueto de Semana Santa. Lo que se pide es mesura, comedimiento, tolerancia, cordura, solidaridad y prudencia.
La Semana Mayor se inició con un alto porcentaje de pérdidas de vidas humanas a causa de accidentes de tránsito (13 muertos al día lunes), por lo que esta vez más que nunca se reclama de choferes y conductores elevada dosis de responsabilidad, a los fines de cortar esa mala racha.
El Centro de Operaciones de Emergencia (COE) ejecuta un vasto programa de prevención y auxilio en el que participan 35 mil personas, entre autoridades y voluntarios, a pesar de lo cual no sería efectivo si no se cuenta con el concurso de la ciudadanía toda.
Las autoridades han advertido que no permitirán el tránsito por autopistas y carreteras de vehículos pesados y que apresarán a conductores que manejen con exceso de velocidad, embriagados, que violen otras leyes de tránsito o que transporten pasajeros en cabinas de camionetas.
De nuevo se reclama a los motociclistas que no arriesguen vida propia ni ajena, aunque el compromiso mayor de impedir desafueros corresponde a la Autoridad Metropolitana del Transporte (Amet), cuyos agentes están compelidos a incautar ese tipo de vehículos si los conductores los convierten en peligro público.
Es menester que se cumpla la medida oficial que prohíbe el uso de playas y balnearios definidos como no aptos para el disfrute de los bañistas, así como atender la exhortación de no bañarse en ríos con visible contaminación sanitaria. El exceso en el consumo de alcohol constituye la primera causa de accidentes, riñas y muertes, por lo que se insiste en la moderación como regla infalible para evitar desgracia.
No se olvide que Semana Santa es sinónimo de reflexión, porque conmemora la crucifixión y resurrección del Hijo del Hombre, cuya muerte en la cruz sirvió para redimir del pecado, por lo que estos días deberían servir para que todos eleven plegarias al Altísimo por la ventura del sufrido pueblo dominicano.
El deber de quien se va o se queda es actuar con comedimiento, respetar la ley y proteger a su familia para que al final de este período reflexivo para cristianos y festivo para paganos, todos retornen a la cotidianidad familiar o laboral, sin que la desgracia toque su puerta. Amén.

